César Paz-y-Miño. Médico Genetista y Master en Biología de las Enfermedades Infecciosas. Universidad UTE.
Una Decisión Política Disfrazada de Salud Pública
La administración de salud en Estados Unidos resolvió reducir significativamente el calendario de vacunación infantil, eliminando la recomendación universal para hepatitis A y B, meningococo, rotavirus, gripe y COVID-19. Esta decisión, presentada como una "alineación con el consenso internacional" basada en el modelo danés, constituye uno de los retrocesos más peligrosos en la salud pública del siglo XXI, no por su impacto doméstico (aunque este será considerable), sino por las catastróficas influencias que exportará a economías débiles y países como el Ecuador y otros del sur global.
La Comparación que No Se Debe Hacer: La Falacia Epidemiológica del "Copiar-Pegar"
El argumento central de la nueva política, que Dinamarca recomienda menos vacunas y mantiene buena salud, es una falacia científica de proporciones históricas. Comparar sistemas de salud sin considerar los determinantes sociales y estructurales es como comparar la resistencia al frío de un oso polar con la de una iguana de Galápagos, porque ambos son animales.
Dinamarca posee cobertura sanitaria universal del 100 por ciento con acceso inmediato a cuidados especializados, sistemas de vigilancia epidemiológica en tiempo real, tasas de desnutrición infantil inferiores al 2 por ciento, saneamiento básico que cubre el 99 por ciento de la población, densidad poblacional de 147 habitantes/km², versus 71 de Ecuador, pero concentrada en zonas urbanas con infraestructura, no así en áreas rurales.
Ecuador, mientras tanto alcanza, en el mejor de los casos, el 82 por ciento de cobertura, con profundas disparidades territoriales, 23 por ciento de desnutrición crónica infantil llegando al 45 por ciento en comunidades indígenas, 65 por ciento de centros de salud sin capacidad de diagnóstico molecular, 1,8 camas UCI pediátricas/100.000 niños (la mitad del mínimo recomendado)
*.
Lo temerario es ignorar que Dinamarca puede permitirse ciertas flexibilidades, precisamente porque su población no sufre los determinantes sociales que multiplican la letalidad de enfermedades infecciosas. Un caso de hepatitis A en Copenhague se detecta en horas y se aísla eficientemente; en Morona Santiago, podría propagarse por semanas antes de identificarse como brote o en las propias áreas urbanas.
Cálculo del riesgo importado en escenarios de baja cobertura vacunal
Las matemáticas no mienten, y las ecuaciones epidemiológicas son particularmente despiadadas con los países pobres. Tomemos el ejemplo del rotavirus: En Estados Unidos, con su decisión, modelaciones basadas en datos previos a la predicción de vacunación determinan entre 55 mil a 70 mil hospitalizaciones pediátricas adicionales anuales y 20 a 40 muertes infantiles evitables cada año.
Pero el verdadero cálculo siniestro ocurre en la transferencia de riesgo internacional. Consideramos la fórmula simplificada de riesgo Ecuador igual al riesgo endémico, más los casos importados y sobreamplificados localmente, esto sumado a la cobertura poblacional de vacunas, a la densidad poblacional, al saneamiento bajo y la desnutrición entre otros factores, para Ecuador, los modelos y escenarios diseñados, el factor es aproximadamente 3,7 veces mayor que para EE.UU. Significa que por cada 100 casos que Estados Unidos "ahorra" en vacunación, Ecuador podría importar 10 a 15 casos que se amplificarían a 37 a 55 casos secundarios debido a condiciones estructurales.
El Mecanismo de Daño a Tres Niveles
Nivel 1: Legitimación de la Pseudociencia: Cuando un país hegemónico adopta políticas basadas en el negacionismo científico que han sido cuestionadas por la OPS, otorga autoridad global a movimientos antivacunas locales. En Ecuador, donde ya existen grupos que cuestionan la vacunación, esta decisión se convertirá en el argumento principal: "Hasta Estados Unidos lo hace".
Nivel 2: Colapso de Mercados y Precios: Las vacunas se producen en función de la demanda global. Una reducción del 30 por ciento en la demanda estadounidense (aproximadamente 15 millones de dosis anuales de las vacunas ahora opcionales) provocará aumento de 15-25 por ciento en precios para países de bajos ingresos, desincentivo para investigación en nuevas formulaciones y posible desabastecimiento de vacunas combinadas.
Nivel 3: Saturación de Sistemas Frágiles: El sistema de salud ecuatoriano, con 2,1 camas pediátricas en UCI para 100.000 niños
*, se saturaría con un brote moderado de meningitis meningocócica. Un cálculo conservador determina: de 200 casos importados/internacionales anuales, 20 por ciento requerirían UCI o sea 40 camas, Ecuador tiene aproximadamente 320 camas UCI pediátricas nacionales, lo que resultaría en 12,5 por ciento de capacidad nacional consumida por una enfermedad prevenible con una simple vacuna.
La Paradoja de la Autonomía Médica
La política se vende como "respeto a la autonomía familiar" pero ignora la autonomía de naciones soberanas para proteger a sus ciudadanos. Ecuador, que logró reducir la mortalidad infantil de 25 a 13 por 1.000 nacidos vivos entre 2000 y 2020 (en parte gracias a la vacunación ampliada), verá cómo décadas de progreso se ponen en riesgo por una decisión foránea, claro está, si la tomamos desacertadamente en cuenta.
La real dependencia sanitaria del siglo XXI, no viene con guerras o conquistas, sino con políticas regresivas cuestionadas por OMS/OPS, que exportan riesgo epidemiológico a quienes menos pueden afrontarlo.
Inmunidad Colectiva vs. Egoísmo Colectivo
La inmunidad colectiva es un bien público global frágil. Las vacunas funcionan mediante un principio de solidaridad biológica: protejo al vulnerable protegiéndome a mí mismo, los vacunados defendemos a los no vacunados (efecto rebaño). La decisión estadounidense representa la sustitución de este principio por un egoísmo colectivo: "mi autonomía individual vale más que tu seguridad colectiva", que es un disfrazado argumento de los libertarios.
Para Ecuador y países similares del sur global, la respuesta debe ser contundente: Fortalecimiento científico interno para basar los calendarios en comités técnicos locales, inmunes a modas políticas internacionales. Preparación para daños colaterales desarrollando planes de contingencia específicos para brotes de hepatitis, meningitis y rotavirus, con simulaciones que incluyan el factor "casos importados de países con políticas regresivas". Diplomacia sanitaria agresiva que exija en foros internacionales, que las decisiones de países grandes y fuertes económicamente, consideren sus externalidades negativas, similar a los acuerdos ambientales sobre emisiones tóxicas y contaminantes transfronterizas.
Adicionalmente se debería blindaje legal del calendario nacional de vacunación frente a presiones externas. Inversión prioritaria en vigilancia epidemiológica molecular. Comunicación científica activa contra la desinformación. Coordinación regional andina y latinoamericana en inmunización. Defensa del concepto de salud como bien público global.
La historia juzgará esta decisión no por sus intenciones declaradas, sino por sus consecuencias medibles: niños que morirán de meningitis importada, familias empobrecidas y ya discriminadas que verán resurgir la hepatitis, sistemas de salud que colapsarán bajo el peso de enfermedades que decidimos, colectivamente como humanidad, ya no merecían existir.
La falacia final no es solo comparar países sin contexto, sino creer que en un mundo interconectado, la salud de un niño en Quito es menos valiosa que la autonomía de uno en Kentucky. La epidemiología, al menos, no hace esas distinciones: el virus solo ve oportunidades, y las políticas regresivas se las están proporcionando en bandeja de plata.
* La cifra 2,1 camas UCI pediátricas/100.000 niños corresponden a la capacidad teórica u oficial, mientras que 1,8/100.000 refleja la capacidad operativa real, al descontar camas no funcionales, sin personal completo o concentradas en pocos hospitales.
No es una contradicción: son dos niveles distintos de medición. Para análisis de saturación y brotes, es más correcto usar el valor conservador (1,8), que representa la disponibilidad efectiva.