Medicina de Laboratorio
Precio vs calidad en pruebas de laboratorio: una dicotomía que compromete la medicina basada en evidencia
Jueves, 26 de febrero de 2026, a las 13:16
Jenny Caicedo, médica Patóloga Clínica, especialista en Medicina de Laboratorio, docente universitaria.
En la práctica médica cotidiana, el laboratorio clínico constituye uno de los pilares fundamentales para la toma de decisiones. Sin embargo, en los últimos años se ha visto progresivamente atrapado en una lógica preocupante: la competencia basada casi exclusivamente en el precio de las pruebas.
Este enfoque ha instalado una falsa dicotomía entre costo y calidad, como si ofrecer resultados confiables fuera incompatible con la accesibilidad. Desde mi experiencia como médica patóloga clínica, considero que esta visión no solo es errónea, sino peligrosa para la medicina basada en evidencia.
Bajo esta lógica, la calidad diagnóstica se percibe como un valor agregado y no como un requisito indispensable. El resultado es un modelo que prioriza el volumen, reduce márgenes y empuja al laboratorio clínico a operar al límite, comprometiendo procesos que son esenciales para una práctica médica segura. Cuando el precio se convierte en el principal criterio de competencia, la calidad deja de ser un estándar mínimo y pasa a ser una variable negociable.
Diversos estudios estiman que más del 60 por ciento de las decisiones clínicas se sustentan en resultados de laboratorio. A pesar de esta realidad, el laboratorio continúa siendo visto en muchos sistemas de salud como un centro de costos y no como un componente estratégico del diagnóstico.
Esta percepción ha favorecido la normalización de prácticas que sacrifican control de calidad, capacitación del personal y estandarización de procesos en favor de precios cada vez más bajos, sin considerar el impacto clínico de los resultados obtenidos.
La presión sostenida por reducir tarifas tiene efectos concretos y acumulativos. En el ámbito preanalítico, se observan tiempos reducidos de atención, menor control en la identificación del paciente y fallas en las condiciones de toma y transporte de muestras. En la fase analítica, la selección de reactivos basada en criterios económicos antes que en desempeño analítico, el mantenimiento diferido de equipos y la disminución de controles de calidad interno y externo afectan directamente la confiabilidad de los resultados. A esto se suma la sobrecarga del talento humano, que trabaja bajo altos niveles de presión y con recursos limitados.
Cada una de estas condiciones incrementa la variabilidad del resultado y disminuye su utilidad clínica. Un valor numérico sin respaldo analítico sólido no es evidencia, y la medicina basada en evidencia no puede construirse sobre datos cuya calidad es incierta.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que los errores diagnósticos constituyen una causa relevante de eventos adversos en salud, y una proporción importante de estos errores está relacionada con pruebas de laboratorio inadecuadas o mal interpretadas.
Es fundamental aclarar que calidad no es sinónimo de lujo. La calidad en el laboratorio clínico se construye a partir de procesos reproducibles, trazables y validados, del cumplimiento de estándares técnicos y de la formación continua del personal.
No se trata de ofrecer la prueba más costosa, sino la prueba adecuada, solicitada con criterio clínico, procesada bajo condiciones controladas y reportada con responsabilidad diagnóstica.
Cuando el precio se convierte en el principal criterio de decisión, el supuesto ahorro inicial se diluye rápidamente. Resultados poco confiables generan repetición de pruebas, solicitud de estudios complementarios innecesarios, tratamientos inadecuados y retrasos diagnósticos.
Todo ello incrementa el gasto sanitario global y expone al paciente a riesgos evitables.
Existe además una dimensión ética que no puede ignorarse. Como médicos, trabajamos bajo el principio de no maleficencia. Aceptar resultados de laboratorio de baja calidad, o normalizar prácticas que comprometen la confiabilidad diagnóstica, vulnera este principio.
Esta responsabilidad no recae únicamente en los laboratorios. También interpela a los médicos solicitantes, a los gestores de salud y a las autoridades sanitarias. Solicitar pruebas sin un adecuado criterio clínico, basar decisiones exclusivamente en el precio o no exigir estándares mínimos de calidad contribuye a perpetuar este modelo.
Superar esta dicotomía exige un cambio de enfoque. Requiere educación médica continua sobre el uso racional de las pruebas de laboratorio, fortalecimiento del criterio clínico, implementación y vigilancia de estándares de calidad y políticas que protejan el valor diagnóstico del laboratorio clínico.
La discusión, en definitiva, no debería centrarse en cuánto cuesta una prueba, sino en cuánto valor aporta a la decisión clínica. Defender la calidad diagnóstica es un compromiso con la evidencia, con la ética y con la salud de los pacientes.