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Genética y Ciencia
El ADN del Viento: Neurogenética, velocidad, riesgo y la ciencia de sentirse vivo en una motocicleta


Miércoles, 14 de enero de 2026, a las 12:24
César Paz-y-Miño. Médico Investigador en Genética y Genómica. Universidad UTE
 
Frecuentemente me preguntan e incluso me cuestionan sobre mi afición y práctica del motociclismo de aventura, me mencionan que en el mundo hay unos 15,8 mil accidentes mortales anualmente de motociclistas, en el Ecuador 700, pero respondo que hay 5 millones de muertes por sedentarismo y 3 millones por mala nutrición-obesidad. Los motociclistas somos población vulnerable y expuesta, incluso si usamos protección, hay 28 por ciento más de accidentes mortales en una moto, pero eso no nos detiene. Trataré de explicar el motociclismo, esta vida temeraria y apasionante, desde mi ciencia: la Genética.
 
Hay experiencias humanas que escapan a la simple descripción. Montarse en una motocicleta, sentir el cuerpo inclinarse en una curva, la vibración del motor, como un propulsor poderoso debajo de uno, el mundo transformado en una línea continua de horizonte y asfalto, es una de estas experiencias. Quien ha sentido el viento golpear el casco, sabe que ahí sucede algo que no es solo mecánico ni emocional: es profundamente neurobiológico y genético.
 
La ciencia contemporánea empieza a comprender por qué el motociclismo no solo produce placer, sino que reorganiza el cerebro, regula la emoción y, en ciertos individuos, activa circuitos de bienestar con una intensidad que pocas actividades modernas logran igualar. En este punto convergen neurociencia, genética, evolución y cultura.
 
Lo que ocurre con el metabolismo
 
En mototurismo exigente, con rutas sinuosas, subidas y bajadas, tramos de pie sobre los estribos, en una motocicleta pesada (650 a 1300 cc) y en ambientes de montaña o costa, un esfuerzo fisiológico que se sitúa típicamente en 4 a 6 METs (Equivalente Metabólico de la Actividad), en condiciones técnicas prolongadas (6 a 8 horas). Dado que 1 MET equivale a ~1 kcal/kg/h, un motociclista promedio de 65 a 70 kg gasta aproximadamente 280–385 kcal por hora (y hasta ~420 kcal/h en picos), lo que corresponde a una actividad física moderada sostenida, más o menos unas 3 a 4 mil kcal al día. Este gasto ya incluye el metabolismo basal y el consumo cerebral (20 por ciento), y se ve amplificado por la activación isométrica de la musculatura, piernas y cintura escapular, la alta demanda de control postural y la hipervigilancia cognitiva.
 
El gasto energético y la deshidratación se incrementan por el cambio de clima, viento, calor, frio, geografía. Este gasto podría compararse con el senderismo en terreno irregular, ciclismo recreativo en terreno ondulado o esquí recreativo.
 
En paralelo, la carga térmica y ventilatoria incrementa la pérdida hídrica, haciendo necesaria una hidratación de 0,4–0,8 L/h (hasta ~1,0 L/h en calor o conducción prolongada de pie), con 300–600 mg de sodio/h, para preservar el rendimiento neuromuscular y la seguridad.
 
Montar moto no es solo sentarse, es una actividad física moderada, que fortalece músculos del torso, piernas y brazos, así como el consumo calórico puede ser considerable, especialmente en viajes largos o exigentes, que son los más apasionantes.
 
Una mente despierta con un cuerpo en calma: la química del motociclista
 
Estudios que han medido actividad cerebral, frecuencia cardíaca y hormonas del estrés en motociclistas experimentados, muestran resultados interesantes y consistentes:
 
- Descenso del cortisol entre 20 y 30 por ciento, comparable a la meditación o al ejercicio aeróbico moderado.
 
- Aumento de la adrenalina entre 20 y 30 por ciento, con elevación controlada del ritmo cardíaco.
 
Este perfil genera un estado fisiológico muy particular: alerta sin ansiedad. El cuerpo se activa, pero la mente se pacifica. La neurobiología denomina a este patrón eustress: activación positiva, adaptativa, compatible con claridad mental y bienestar sostenido. No es una paradoja, es una sinfonía neuroquímica finamente equilibrada.
 
La velocidad como arquitectura sensorial: un estímulo profundamente humano
 
La velocidad activa sistemas sensoriales que la evolución perfeccionó durante millones de años: visión periférica, equilibrio, anticipación del movimiento, coordinación ojo-mano. En moto, la aceleración no genera desorden, sino estructura perceptiva. El mundo se organiza en trayectorias, ángulos y tiempos de reacción. La visión periférica se amplía para anticipar trayectorias y evitar obstáculos.
 
Cada curva representa un problema neurogeométrico que el cerebro resuelve en milisegundos. No hay espacio para la reevaluación, el miedo abstracto ni el estrés anticipatorio. La atención se vuelve absoluta. Y cuando la atención se vuelve absoluta, la ansiedad no sobrevive.
 
El estado de flujo: cuando la mente se alinea consigo misma
 
La psicología cognitiva llama estado de flujo al momento en que la conciencia se estrecha, se centra en un punto, el tiempo se distorsiona y el rendimiento motor alcanza su máxima eficiencia. El motociclismo induce este estado de forma natural. El piloto no “piensa” la curva: la ejecuta. No analiza el viento: lo incorpora al movimiento.
 
Este fenómeno explica por qué tantos motociclistas describen la misma experiencia con palabras distintas: “la moto me ordena la cabeza”, “la moto me apaga el ruido”,
“la moto me devuelve a mí”, “en la moto pienso menos y siento más”.
 
Fisiológicamente, la corteza cerebral prefrontal reduce la actividad relacionada con la autocrítica y la reformulación, mientras las redes sensoriales y motoras toman el control. En términos simples: la moto dirige la mente.
 
La genética del placer en movimiento
 
No todos los cerebros experimentan el mismo grado de placer ante la velocidad, el desafío o la novedad. Existen variantes genéticas que modulan la intensidad de estas sensaciones:
 
- DRD4-7R el gen explorador: Esta variante del receptor dopaminérgico se ha asociado a la búsqueda de sensaciones y a una mayor recompensa ante estímulos nuevos. Quienes lo poseen suelen sentir la vida más plenamente cuando se enfrentan a retos dinámicos.
 
- COMT-Met el gen del placer del enfoque: Reduce la degradación de dopamina en la corteza prefrontal, facilitando que actividades que exigen concentración, como manejar con precisión, produzcan un bienestar profundo.
 
- ADRA2A y ADRB2 los genes de sensibilidad al eustrés: El estrés bueno, modula la forma en que el sistema nervioso simpático gestiona la adrenalina. En algunas personas, la activación fisiológica no dispara ansiedad, sino claridad y disfrute.
 
- SLC6A4 emociones que se regulan en movimiento: Determinadas variantes favorecen la capacidad de “reiniciar” emocionalmente después de estímulos dinámicos, lo cual coincide con testimonios de motociclistas que afirman que una ruta de 30 minutos les cambia el día.
 
- DAT1 (SLC6A3) y MAOA genes de riesgo: intervienen en impulsividad, control emocional y respuesta al estrés. Estos genes proporcionan la capacidad de pensar y actuar de inmediato.
 
Estos no son genes solo de motociclistas y no determinan la conducta, pero sí ajustan la sensibilidad del sistema nervioso al placer, al desafío y al control bajo presión. La prueba es acelerar de 0 a 100 KM en 3 segundos, o ir a 280 o 300 Km/h. En algunos individuos, la moto activa un sistema de recompensa especialmente eficiente, y es espectacular.
 
Genes y deportes de riesgo: cuando la biología busca intensidad
 
El motociclismo forma parte de un conjunto más amplio de actividades clasificadas como deportes de alto estímulo o riesgo controlado: escalada, surf extremo, paracaidismo, downhill, automovilismo, alpinismo, buceo. La neurogenética demuestra que no todos los cerebros procesan el riesgo de igual manera.
 
En ciertos perfiles genéticos, la activación del sistema nervioso simpático no se experimenta como amenaza, sino como desafío placentero. Estas personas no buscamos el accidente: buscamos el punto exacto entre control, precisión e intensidad sensorial.
 
Desde una perspectiva evolutiva, estas variantes representan estrategias adaptativas antiguas: individuos capaces de moverse rápido, decidir bajo presión, explorar territorios inciertos, enfrentar entornos hostiles. Hoy, esas mismas configuraciones genéticas y cerebrales, encuentran su expresión simbólica en la velocidad, la altura, el vértigo y la máquina ergonómica. El motociclista moderno es, en este sentido, la expresión contemporánea de un físico ancestral.
 
Un ejercicio evolutivo en un mundo inmóvil
 
El cerebro humano no evolucionó para permanecer estático. Evolucionó caminando, corriendo, cazando, migrando. La motocicleta devuelve al sistema nervioso una complejidad sensorial y motora que la vida urbana ha ido extinguiendo: anticipar, reaccionar, calcular, coordinar, decidir. Montar en moto no es solo un placer: es un entrenamiento evolutivo del cerebro.
 
Salud mental, estrés y movimiento
 
No es casual que algunos programas de rehabilitación por Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) incluyan conducción controlada. El motociclismo actúa sobre tres ejes fundamentales:
 
- Interrumpe los circuitos de repetición o reevaluación traumática.
 
- Regula el sistema nervioso autónomo.
 
- Activa dopamina por logro, no por consumo adictivo, el cerebro de alguna manera se hace adicto a este bienestar.
 
No sustituye terapia, pero potencia la regulación emocional desde la biología del movimiento. Motociclear no es una cura, pero es un recordatorio poderoso: el cerebro humano necesita movimiento para vivir equilibrado.
 
El viento como metáfora biológica
 
Cuando una motocicleta avanza, no solo se desplaza un cuerpo. Se desplaza una historia evolutiva completa, inscrita en redes neuronales y en secuencias de ADN. El viento no es solo aire: es estímulo, es desafío, es confirmación de existencia. Cuando el motociclista avanza, algo más que el paisaje se mueve, se mueven los umbrales sensoriales, los equilibrios neuroquímicos, los reflejos antiguos. Se mueve la historia evolutiva contenida en sus genes. Y se mueve, sobre todo, la sensación íntima de estar despierto y alerta.
 
La moto es velocidad, pero también quietud interior. Es riesgo, pero también control.
Es biología en movimiento. Y, sobre todo, es una forma moderna de recordar algo esencial:
que el cerebro humano fue diseñado para moverse, sentir y decidir en el límite de sus capacidades.
 
Montar en motocicleta es, finalmente, un diálogo entre la biología que heredamos y la tecnología que creamos. Entre la emoción primitiva de sobrevivir y el placer moderno de controlar. Una danza donde el cuerpo recuerda lo que la mente a veces olvida: que vivir es sentir, que sentir es moverse, y que el viento, cuando lo abrazamos con conciencia, velocidad y responsabilidad, es la forma más humana de volver a uno mismo. Por 50 años ha sido así para mí.
 
TABLA: GENES ASOCIADOS A DEPORTES DE RIESGO Y MOTOCICLISMO
Gen Función Neurobiológica Efecto Conductual Asociación con Deportes
DRD4-7R Receptor dopamina Búsqueda de sensaciones Motociclismo, surf, paracaidismo, escalada, buceo
COMT-Met Metabolismo dopamina prefrontal Hiperfoco placentero Conducción deportiva, tiro, ajedrez de alto estrés
DAT1 (SLC6A3) Recaptación de dopamina Necesidad de estímulos intensos Deportes extremos en general
MAOA Degradación monoaminas Modulación de impulsividad Automovilismo, downhill
ADRA2A Receptor adrenérgico Placer en activación simpática Motociclismo, ciclismo extremo
ADRB2 Receptor beta-adrenérgico Respuesta cardiovascular al estrés Deportes de velocidad
SLC6A4 Transporte de serotonina Regulación emocional Deportes de alto impacto emocional
 

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