César Paz-y-Miño. Investigador en Genética y Genómica Médica. Universidad UTE.
La Enfermedad Renal Crónica (ERC) constituye una crisis sanitaria global que afecta a más del 10 por ciento de la población mundial, más de 800 millones de personas, y cuya mortalidad aumentó de 591.800 muertes en 1990 a 1,42 millones en 2019, con proyecciones que alcanzan 1,8 millones para 2030. En Ecuador, la situación refleja esta tendencia ascendente: en 2022 la prevalencia de terapia de reemplazo renal fue de 1182,77 por millón de habitantes y la incidencia de 169,55 ppm, con 19.327 pacientes registrados en diálisis o trasplante, de los cuales el 87,77 por ciento recibe hemodiálisis; la edad promedio es 59,2 años, aunque el rango etario es amplio.
La diabetes y la hipertensión constituyen los principales determinantes etiológicos, mientras que las crisis de financiamiento en servicios de diálisis han generado barreras críticas de acceso, contribuyendo a que cerca de 1.000 pacientes ecuatorianos fallecieran en 2024 por dificultades en la continuidad terapéutica; además, el 95 por ciento de quienes requieren reemplazo renal no se encuentra en lista de espera para trasplante, configurando un escenario de alta vulnerabilidad estructural.
Durante décadas, la enfermedad renal crónica (ERC) fue abordada como un declive progresivo de la tasa de filtrado glomerular. El paradigma nutricional que la acompañó fue igualmente reductivo: restringir proteínas, contar miligramos de potasio, fósforo y sodio, suprimir grupos alimentarios completos. Hoy ese marco es insuficiente. El riñón no es solo un filtro hidráulico; es un
regulador sistémico del equilibrio ácido–base, del metabolismo mineral, de la homeostasis cardiovascular y de la inflamación crónica. Responde dinámicamente al entorno dietético.
Si ya entendimos que el intestino es un órgano inmunometabólico y el músculo un órgano endocrino, el siguiente paso es comprender el
riñón como sistema ecológico, integrado a microbioma, músculo, genoma y ambiente alimentario.
Genómica, variabilidad biológica y dieta personalizada
La ERC es heterogénea en donde las variantes en genes de transporte de sodio modulan sensibilidad salina. Los polimorfismos genéticos en vías de la vitamina D y fósforo afectan el metabolismo mineral. La interacción gen–microbioma determina producción de metabolitos tóxicos. Por tanto, la terapia dietética debe ser flexible y estratificada. No existe una “dieta renal universal”, sino una arquitectura nutricional adaptativa.
Músculo–riñón: el equilibrio proteico
En ERC coexisten dos riesgos: 1. Restricción excesiva que determina desgaste proteico-energético y 2. Exceso proteico que conlleva hiperfiltración y mayor carga nitrogenada. La solución no es promover proteína animal indiscriminada, sino
equilibrar fuentes, priorizando: Legumbres remojadas y cocidas, frutos secos en porciones controladas y pescado o proteína magra en cantidades moderadas.
El músculo necesita señal anabólica; el riñón necesita carga metabólica razonable. La calidad dietética permite sostener ambos.
La transición: de la dieta cuantitativa a la dieta de calidad
La revisión contemporánea de la terapia nutricional en ERC propone una reorganización conceptual basada en cuatro ejes estructurales:
1. Balance en que equilibrar es sostener la función, integrando todos los grupos alimentarios en proporciones fisiológicamente coherentes evita carencias, reducir carga inflamatoria y estabilizar el metabolismo energético.
2. Variedad ya que la diversidad protege, logrando que la diversidad intra-grupo (diferentes frutas, vegetales, legumbres) amplía el espectro de fitoquímicos, modula microbioma y reduce la monotonía metabólica.
3. Moderación ya que el exceso desregula, la ERC es sensible a sobrecargas: proteica, salina, ácida o ultraprocesada, po lo que moderar su ingesta evita hiperfiltración, inflamación y dismetabolismo.
4. Preparación consciente de la técnica ya que también es terapéutica, para lo cual el remojo, doble cocción y preparación casera de alimentos modifican biodisponibilidad de potasio y fósforo, reduciendo riesgo sin eliminar calidad dietética.
Microbioma–riñón: el eje inflamatorio
La ERC altera profundamente el ecosistema intestinal al aumentar la fermentación proteolítica, disminuir bacterias productoras de butirato, incrementar la producción de toxinas urémicas (indoxil sulfato, p-cresil sulfato, TMAO o N-Oxido de Trimetilamina) y así compromete la barrera intestinal, dando como resultado la inflamación sistémica persistente y aceleración de fibrosis renal.
Una dieta rica en fibra fermentable (legumbres, verduras, frutas enteras, cereales integrales) promueve: producción de ácidos grasos de cadena corta, reducción del pH colónico, disminución de toxinas urémicas, mejoría de sensibilidad a la insulina y menor activación inflamatoria.
Paradójicamente, estos mismos alimentos fueron históricamente restringidos por su contenido de potasio. Sin embargo: el potasio vegetal tiene menor biodisponibilidad que el potasio inorgánico añadido a ultraprocesados, para lo cual, las técnicas como remojo y doble cocción reducen 30–50 por ciento del contenido mejoran los requerimientos dietéticos y el verdadero riesgo está en los aditivos industriales altamente absorbibles. El riñón no “teme” al vegetal natural; responde negativamente al entorno industrial.
Músculo–riñón: equilibrio proteico y carga ácida
La ERC genera una tensión metabólica estructural:
-
- Restricción excesiva → sarcopenia y fragilidad.
-
- Exceso proteico → hiperfiltración y mayor carga nitrogenada.
El rango 0,6–0,8 g/kg/día en estadios 3–4 estables permite:
-
- Mantener masa magra.
-
- Reducir producción de urea.
-
- Disminuir carga ácida neta.
Las proteínas vegetales reducen producción de TMAO y carga ácida; la proteína animal, especialmente procesada, incrementa estrés metabólico. El músculo y el riñón deben sostenerse mutuamente; la calidad dietética permite esa simetría.
Genómica renal: variantes que modulan riesgo y respuesta dietética
La ERC no es uniforme. La arquitectura genética modula susceptibilidad, progresión y respuesta metabólica.
Entre los genes relevantes:
|
Gen / Sistema |
Función biológica relevante |
Variantes / Alteraciones |
Consecuencia fisiopatológica |
Implicación nutricional y clínica |
|
APOL1 (Apolipoproteína L1) |
Participa en inmunidad innata y homeostasis glomerular |
G1 y G2 (riesgo elevado en población de ascendencia africana) |
Mayor susceptibilidad a inflamación, estrés hemodinámico y cargas metabólicas sostenidas; riesgo incrementado de ERC progresiva |
Control estricto de factores inflamatorios, metabólicos y hemodinámicos; reducción de sobrecarga renal crónica |
|
SLC12A3 y SCNN1A/SCNN1B/SCNN1G (ENaC) |
Regulación de reabsorción tubular de sodio |
Variantes que modifican sensibilidad a sal |
Hipertensión sal-sensible y progresión renal acelerada |
Restricción estricta de sodio en subgrupos genéticamente susceptibles |
|
CYP27B1 y VDR (Receptor de vitamina D) |
Activación y señalización de vitamina D; regulación calcio-fósforo e inflamación |
Variantes funcionales |
Alteraciones en metabolismo mineral y respuesta inflamatoria |
Ajuste individualizado de ingesta de calcio, fósforo y vitamina D |
|
FGF23 y KL (Klotho) |
Reguladores clave del metabolismo fosfocálcico |
Disfunción genética o regulatoria |
Hiperfosfatemia, calcificación vascular y progresión de ERC |
Evitar exceso de fósforo inorgánico; control dietético estricto de aditivos fosfatados |
|
COL4A3, COL4A4, COL4A5 |
Componentes estructurales de membrana basal glomerular |
Mutaciones asociadas a síndrome de Alport |
Vulnerabilidad estructural glomerular; proteinuria y progresión renal |
Reducción cuidadosa de carga proteica y control de presión intraglomerular |
|
PKD1 y PKD2 |
Regulación de estructura y señalización tubular renal |
Mutaciones causantes de poliquistosis renal autosómica dominante |
Activación de vías proliferativas (incluyendo mTOR); crecimiento quístico progresivo |
Dieta moderada en proteínas y bajo estímulo insulínico para modular progresión metabólica |
|
UMOD (Uromodulina) |
Regulación tubular distal y balance de sodio |
Polimorfismos de riesgo |
Aumento de presión arterial y susceptibilidad a ERC |
Manejo cuidadoso de sodio y volumen |
|
SLC22A2 (OCT2) |
Transporte tubular de compuestos orgánicos |
Variantes funcionales |
Modificación de susceptibilidad a toxinas endógenas y exógenas |
Vigilancia de exposición a fármacos y toxinas; ajuste dietético según carga metabólica |
Procesamiento alimentario: el fósforo invisible
El fósforo orgánico natural tiene absorción parcial. El fósforo inorgánico añadido a ultraprocesados tiene absorción casi completa. El potasio de matriz vegetal se absorbe menos que sales potásicas industriales. La intervención nefroprotectora requiere:
-
- Sustituir ultraprocesados.
-
- Leer etiquetas.
-
- Cocinar desde ingredientes simples.
-
- Evitar aditivos fosfatados.
Determinantes sociales: el entorno también es biología
La ERC se distribuye desigualmente. El acceso a alimentos frescos no es homogéneo. Los ultraprocesados con aditivos fosfatados y sodio oculto son más accesibles en contextos vulnerables. La salud renal es también resultado de políticas alimentarias. Hablar de dieta renal es hablar de: acceso alimentario, educación nutricional, regulación de aditivos y política pública. Pero, la nefroprotección no puede reducirse a recomendaciones individuales; requiere coherencia estructural.
El riñón funciona dentro de un ecosistema metabólico
Cuando la dieta se industrializa, el microbioma se altera, el músculo pierde eficiencia, la inflamación aumenta y el riñón acelera su deterioro. La terapia dietética orientada a la calidad no es una moda nutricional. Es la restitución de una coherencia evolutiva entre: genoma humano, microbioma intestinal, patrón alimentario, músculo funcional y entorno social.
Comprender el riñón como sistema ecológico transforma la práctica clínica: deja de ser una lista de prohibiciones y se convierte en diseño metabólico consciente. En la enfermedad renal crónica, comer no es un acto neutro. Es una intervención fisiológica de alta complejidad, y su calidad determina la trayectoria de la enfermedad tanto como cualquier fármaco.
Guía dietética integrada para ERC (estadios 3–4) + diabetes tipo 2
Paciente tipo: 70 kg, ERC estable no dializada, DM2 controlada. Objetivos aproximados: Energía 28–30 kcal/kg. Proteína 0,6–0,8 g/kg. Sodio <2 g · Fibra ≥25 g. Control glucémico con bajo índice y carga glucémica.
Tabla de distribución diaria de alimentos
|
Grupo |
Alimentos recomendados |
Cantidad diaria orientativa |
Claves metabólicas |
|
Verduras |
Brócoli, calabacín, zanahoria, berenjena, espinaca cocida |
300–400 g |
Alta fibra → ↓ inflamación, ↓ toxinas urémicas, ↓ carga glucémica |
|
Frutas enteras |
Manzana, pera, frutos rojos |
200–300 g (2 porciones) |
Evitar jugos; fraccionar para control glucémico |
|
Legumbres |
Lentejas, garbanzos |
50–60 g secas (≈150 g cocidas) |
Proteína vegetal, bajo IG; remojo previo si K elevado |
|
Cereales integrales |
Avena, arroz integral, quinoa |
120–160 g cocidos |
Sustituir refinados; control porciones |
|
Proteína magra |
Pescado, pollo sin piel, huevo |
60–90 g |
Distribuir proteína total diaria |
|
Frutos secos |
Nueces, almendras |
10–15 g |
Densidad nutricional; moderar si fósforo alto |
|
Lácteo natural |
Yogur o leche sin fosfatos añadidos |
125 ml |
Individualizar según fósforo |
|
Grasas saludables |
Aceite de oliva extra virgen |
20–25 g |
Principal fuente lipídica |
|
Ultraprocesados |
Embutidos, snacks, bebidas azucaradas |
Evitar |
Fosfatos y sodio de alta biodisponibilidad |
La tabla presenta un esquema que integra tres principios: (a) reducción de carga ácida y toxinas urémicas mediante predominio vegetal; (b) control glucémico con carbohidratos de bajo índice glucémico y alta fibra; (c) minimización de sodio y fósforo inorgánico evitando ultraprocesados. La biodisponibilidad del potasio vegetal es menor que la de aditivos industriales, y puede reducirse con remojo y cocción húmeda. La prescripción debe individualizarse según estadio de ERC, potasio y fósforo sérico, HbA1c, composición corporal y presencia de desgaste proteico-energético.
Ejemplo simplificado de dieta día a día
Desayuno: Avena 40 g + yogur natural 125 g + frutos rojos 80 g.
Almuerzo: Lentejas 150 g + verduras cocidas 200 g + arroz integral 80–100 g + aceite de oliva 10 g.
Cena: Pescado 80 g + verduras 200 g + pan integral 40 g + fruta.
Media mañana: Fruta adicional o 10 g nueces. Proteína total estimada: 45–55 g. Fibra estimada: 28–35 g