Desde OPS
De la escasez a la producción regional de vacunas en América Latina
Miércoles, 01 de abril de 2026, a las 10:59
Jarbas Barbosa, Director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)
Recuerdo con claridad las imágenes de 2021 que recorrieron el mundo: filas interminables de personas en América Latina aguardando para vacunarse contra la COVID-19 con dosis que llegaban a cuentagotas, mientras en los países ricos las vacunas ya estaban disponibles.
La pandemia no solo se cobró millones de vidas; también dejó al descubierto nuestra fragilidad: una dependencia casi total de proveedores externos y un poder de negociación limitado, incluso en mecanismos multilaterales, cuando la competencia global por las dosis priorizó a los países con mayor capacidad de compra y acuerdos bilaterales directos.
Como Director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), he impulsado un enfoque pragmático para cerrar esa brecha: ampliar la producción regional de vacunas y tecnologías de la salud.
No se trata de que cada país fabrique todo de forma aislada, sino de priorizar áreas donde la capacidad local o compartida permita resolver problemas concretos de suministro, costos o respuesta rápida, avanzando hacia sistemas de salud más autosuficientes y sostenibles, especialmente en herramientas críticas para la seguridad sanitaria de las Américas, donde los riesgos no reconocen fronteras.
Hoy, ese camino ya da frutos. Antes de la pandemia, en 2020, los mecanismos de compra conjunta de la OPS, los Fondos Rotatorios Regionales (FRR), adquirían apenas el 1,5 por ciento de sus vacunas a proveedores de la región. En 2025, ese porcentaje alcanzó el 23 por ciento, y seguimos avanzando para superar el 40 por ciento. No es un detalle estadístico: es la prueba de que estamos pasando de la vulnerabilidad a la resiliencia.
Producir en la región significa previsibilidad: tiempos de entrega más cortos, menor exposición a interrupciones globales y capacidad de respuesta rápida ante emergencias. También impulsa la innovación, genera empleo calificado y teje cadenas productivas que fortalecen las economías. Incluso reduce el impacto ambiental al acortar viajes intercontinentales. Pero, sobre todo, construye seguridad sanitaria: en una crisis, quien controla parte de la cadena de suministro puede proteger mejor a su población.
Este progreso es posible gracias a mecanismos ya consolidados como los FRR, que agrupan la demanda de 33 países y nueve territorios de la región, ofrecen previsibilidad a los productores, facilitan la transferencia de tecnología y optimizan recursos, reduciendo costos y ampliando el acceso.
Un primer hito es la vacuna antineumocócica conjugada 20-valente (PCV-20). Gracias a un acuerdo entre los FRR, Pfizer y Sinergium Biotech, de Argentina, esta tecnología estará disponible para la región desde 2026, permitiendo a países de ingresos medios acceder más rápidamente a una innovación que antes dependía del exterior.
Otro ejemplo es la estrategia para la producción de vacunas contra la influenza. En 2025, alrededor del 10 por ciento de las compras a través de los Fondos provenían de productores regionales; para 2026, esa proporción alcanzará el 65 por ciento, con un rol clave de Sinergium y del Instituto Butantan de Brasil. Argentina pasó de cubrir el 8 por ciento al 50 por ciento de la demanda regional y redujo el precio unitario en un 15 por ciento.
En este mismo esfuerzo, concretamos un acuerdo con CSL Seqirus y Sinergium para transferir tecnología de cultivo celular, lo que permitirá mayor flexibilidad y rapidez para producir vacunas frente a nuevas cepas del virus de influenza. Esta plataforma estará operativa hacia 2028 y consolida a Argentina como un productor regional relevante, con potencial de exportaciones de hasta 250 millones de dólares anuales.
Nada de esto sería posible sin un ecosistema sólido detrás. La producción regional requiere autoridades regulatorias sólidas, políticas industriales coherentes, talento especializado e incentivos estables que atraigan inversión.
Ese es el rol de la Plataforma Regional de Innovación y Producción de la OPS: impulsar la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico y las alianzas entre países, gobiernos y sector privado, y la implementación de políticas nacionales. Un ejemplo concreto es el trabajo en capacidades en ARN mensajero: la Plataforma apoyó a Bio-Manguinhos, en Brasil, a establecer su propia plataforma y facilitó la transferencia de tecnología a Sinergium, hoy aplicadas más allá de la COVID-19, en prioridades como la leishmaniasis y la preparación ante futuras pandemias. La experiencia es clara: los países que invierten en estas capacidades las consolidan.
En 2025, los Fondos Rotatorios entregaron 234 millones de dosis de vacunas y otros insumos, alcanzando a 85 millones de personas. Los precios fueron, en promedio, 50 por ciento más bajos para vacunas y entre 60 por ciento y 90 por ciento más accesibles en medicamentos de alto costo, incluidas terapias oncológicas, optimizando el uso de los recursos públicos.
En apenas dos años hemos demostrado que este modelo funciona. Comenzamos con vacunas porque son la herramienta más poderosa frente a emergencias, pero el potencial va mucho más allá: diagnósticos, medicamentos estratégicos y dispositivos médicos. Las Américas tienen el talento y las condiciones para convertirse en un polo productivo de clase mundial.
Por eso, invitamos a los países, la industria y los socios de desarrollo a profundizar las alianzas —transferencia de tecnología, codesarrollo e inversión— para construir una base productiva que proteja la salud. Reducir vulnerabilidades no implica cerrarse al mundo, sino integrarse con mayor fortaleza, generando beneficios compartidos.
El momento es ahora. Fortalecer la producción regional y la seguridad sanitaria en las Américas no es solo una prioridad de salud: es una apuesta estratégica que beneficia a todos.
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