Edición Médica

Miércoles, 29 de enero de 2020
00:51
Mi opinión
"No tenemos un sistema de salud eficiente ni justo", a propósito de un caso


Viernes, 10 de enero de 2020, a las 14:59
* Juan J. Suárez M. Medicina Interna-Hepatología. Profesor principal de Medicina-USFQ
 
Acaba de fallecer un paciente, militar de grado bajo (Sargento 1ero) ya retirado. Me fue referido para valoración y tratamiento al final del año pasado. Ha estado en valoraciones periódicas en el Servicio de Gastroenterología del Hospital Militar y en mi consulta.
 
Una gran persona; paciente, sencillo, respetuoso, viudo, que siempre vino acompañado de una de sus tres hijas o de todas.
 
La realidad, no le podíamos salvar la vida, por su edad, mayor de 65 años, lo que impedía el único tratamiento curativo de su cirrosis hepática, el Trasplante hepático. Pero, si le podíamos y debíamos ofrecer un mejor tratamiento, calidad de vida y prolongarla lo que se pueda. ¿Por qué no se pudo cumplir con ese objetivo secundario y ético?
 
Hizo una complicación grave de la cirrosis hepática, una retención de líquido en el abdomen, conocida como ascitis, acompañado de edema en miembros inferiores. En un comienzo, la ascitis fue leve a moderada, de fácil tratamiento y con buena respuesta a la restricción de sal en la alimentación y tratamiento diurético. Luego, se hizo severa, con un abdomen tenso muy distendido, con respuesta parcial al tratamiento mencionado, lo que se conoce como ascitis refractaria intratable, y se complicó además con una falla renal sub-aguda conocida como Síndrome hepatorrenal tipo II.
 
Fue sometido a punciones y evacuaciones periódicas del líquido ascítico con la administración concomitante de albúmina IV, un producto lamentablemente caro, que casi siempre escaseó en la Farmacia del H. Militar (¿Por qué?); al inicio cada 3 semanas y al final cada semana, siempre con el riesgo latente de que se infecte.
 
Se luchó porque se apruebe la referencia del paciente al extranjero (Medellín-Colombia) para la colocación de un Shunt intrahepático transyugular (TIPS, en sus siglas en inglés), que permitiría descomprimir la hipertensión portal y que era el tratamiento de elección. Este procedimiento no se podía realizar en el país (excepto alguna colocación ocasional en Guayaquil), no por falta de experticia médica en imagenólogos intervencionistas, que si los hay, sino por falta del insumo, sin “Registro Sanitario”, que impide su importación directa (¡trabas burocráticas infames disfrazadas de pseudo-control eficiente!).
 
Hubo dos reuniones médicas de presentación y discusión del caso en el Servicio de Gastroenterología en el Hospital Militar y en la segunda se aprobó por consenso tramitar la remisión a Medellín-Colombia, donde se había realizado el contacto para la colocación del TIPS.
 
Como puente a este tratamiento más definitivo se le colocó por parte de Nefrología del H. Militar un catéter peritoneal de drenaje, que facilitaba la extracción del líquido ascítico, en volúmenes menores cada semana. Siempre con el temor de una infección peritoneal por el catéter y del tiempo burocrático de espera de la aprobación del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (ISSFA).
 
Sucedió, lamentablemente, lo que nos temíamos y que no debería suceder. El paciente se infectó, hizo una descompensación hemodinámica severa, generando una necrosis tubular añadida a su falla renal previa, choque séptico y falleció.
 
Había tres semanas desde a colocación del catéter peritoneal, y sin exagerar más de 4 meses de la indicación inicial del TIPS, sin que se apruebe el procedimiento emergente en el extranjero (¡que inoperancia y desidia!).
 
Este es un ejemplo, un caso entre muchos, que demuestra lo ineficiente, injusto, inequitativo de nuestro Sistema de Salud público, semi-público como en este caso e incluso privado, con carencia de insumos, con escases o mal abastecimiento de medicamentos y con un Ministerio de Salud pesado (¡como el perro del hortelano, ni come ni deja comer!), burocrático, extra-normador que exige trámites y aprobaciones interminables, de algo que está  ya aprobado (¡más papistas que el Papa!), pero que no resuelve problemas reales, con la agilidad que corresponde, de la población enferma de este país.
 
Las preguntas y aprendizaje de este caso son: ¿Por qué no fue diagnosticada a tiempo su cirrosis hepática? ¿Por qué no existe un especialista en hepatología en el H. Militar si la cirrosis hepática es la sexta-séptima causa de fallecimiento según el INEC? ¿Por qué no fue referido, nuevamente a tiempo, para que antes de los 65 años él pueda acceder a un trasplante hepático, procedimiento curativo, aunque ciertamente con dificultades todavía en nuestro país? ¿Por qué no se le pudo ofrecer un tratamiento aprobado internacionalmente para sus complicaciones y mejorar su supervivencia y calidad de vida, en el país o con diligencia en el país vecino, donde si está disponible?
 
Surgen otras preguntas con morbo: ¿Se habría actuado con más diligencia si el paciente tenía un pariente político influyente o un rango militar más alto?
 
¡Debería darnos vergüenza y exigir un cambio y mejora a fondo de nuestro Sistema de Salud. Ya no se puede ni debe posponer!
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