EVENTO MISIÓN DOLOR CERO
Expertos latinoamericanos discuten cómo derribar las barreras en el manejo y tratamiento del dolor
Han presentado evidencia que muestra que la expectativa de alivio no es universal.
En Colombia se ha llevado a cabo el evento Misión Dolor Cero.
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Redacción. Quito
En Colombia, Opella ha organizado el evento ‘
Misión Dolor Cero’ en la ciudad de Bogotá, donde se han reunido profesionales de la salud y líderes de opinión de la salud de toda Latinoamérica para, en conjunto, compartir evidencia científica actual, experiencias positivas y analizar temas relacionados con el manejo del dolor, su abordaje clínico, cómo actúan los analgésicos en el sistema nervioso y digestivo, el abordaje multimodal del dolor, innovación terapéutica, entre otros temas.
Durante el evento se ha presentado evidencia y experiencias clínicas sobre los cambios en la comprensión y el manejo del dolor en los últimos años, desde las diferencias generacionales en la percepción del dolor, hasta los desafíos del dolor en la era postpandémica, uso de estrategias multimodales basadas en evidencia, uso racional de medicamentos, alternativas terapéuticas con perfiles de eficacia y seguridad favorables, así como la importancia de la adecuada selección de tratamiento de acuerdo al tipo y ubicación del dolor.
¿Todas las generaciones percibimos el dolor de la misma manera?
El Dr. Marco Antonio Fernandino, médico especialista en Medicina Paliativa del Adulto ha hablado sobre las diferencias generacionales en la percepción del dolor, basado en la evidencia científica disponible. Ha explicado que, desde hace décadas, el dolor ha sido abordado bajo un modelo estrictamente biomédico, centrado en tejido dañado, inflamación o lesión estructural. Sin embargo, este enfoque hoy no es suficiente.
Según ha indicado, la evidencia muestra que no todas las personas sienten igual el dolor, y no es solo por genética y la plasticidad cerebral, sino también por aprendizaje cultural y la cohorte generacional a la que pertenece el paciente. Por lo tanto, la expectativa de alivio tampoco es universal.
A su decir, el año de nacimiento influye en cómo se reporta el dolor, la expectativa frente al tratamiento, la confianza en los médicos y la respuesta neurobiológica al estímulo doloroso. Por ejemplo, los
Baby Boomers (1946–1964) tienden a no reportar dolor hasta que afecta la funcionalidad básica; además pueden interpretar que el dolor es parte “normal” del envejecimiento, por lo que tienen mayor riesgo de sensibilización periférica y dolor crónico resistente, y tardan en buscar ayuda médica.
Una situación parecida es la percepción del dolor de la
Generación X (1965–1980), quienes también suelen demorar más en buscar atención médica porque consideran que está asociado a jornadas laborales prolongadas y sedentarismo. Por esta razón, buscan soluciones rápidas que no interrumpan su productividad, prefiriendo fármacos potentes de acción rápida, lo que puede llevar a sus casos no sean detectados a tiempo.
En cambio, según ha asegurado, los
Millennials y Gen Z (1981–2012) muestran una sensibilidad neurofisiológica distinta. A ellos se los puede llamar “la generación del dolor nociplástico”, ya que están más conectados con sus señales corporales y consideran al dolor como lenguaje de malestar emocional (somatización de las emociones). Por estos motivos, buscan alivio inmediato, así como participación en las decisiones médicas (debido al acceso a la información digital que se tiene).
En este contexto, ha concluido que las diferentes generaciones tienen una tolerancia diferente al dolor, así como en la búsqueda de soluciones médicas. Por lo tanto, ha recomendado “individualizar” a los pacientes, no solo reduciendo los miligramos, sino también ajustando el mecanismo farmacológico a la fisiopatología predominante, así como a las expectativas terapéuticas y contexto sociocultural.
¿Cómo se vive el dolor en la era Post-COVID y Post-Confinamiento?
En su conferencia, la Dra. Jacqueline Macias, médica cirujana, especialista en Anestesiología y en Medicina Paliativa y Tratamiento del Dolor, ha expuesto los cambios relacionados con la percepción del dolor en la era post pandemia, donde los más prevalente son los dolores musculoesqueléticos (espalda, cuello y hombros), neuropáticos (sensación de quemazón, hormigueos, pinchazos en manos y pies) y las cefaleas (incluyendo exacerbación de migrañas previas).
Para la especialista, actualmente se considera dolor post-COVID cuando persiste más de tres meses después del inicio de la infección, sin causas identificables. Este tipo de dolor afecta al 40 y 60 por ciento de pacientes con secuelas prolongadas.
En este sentido, se ha referido a los desafíos actuales que implican el dolor post-COVID, considerado un desafío complejo y multisistémico, como: el incremento de la ansiedad y la depresión, dos condiciones que amplifican la percepción del dolor; mayor medicalización frente a cualquier malestar; un gran número de pacientes que tienen una alta incertidumbre diagnóstica.
En este contexto, ¿cómo puede el enfoque multimodal mejorar el manejo del dolor?
En su turno, la Dra. Marixa Guerrero, médica especialista en anestesiología y Medicina del Dolor y Cuidados Paliativos
, ha sostenido que se debe diagnosticar cómo la persona está sufriendo el dolor para utilizar racionalmente los medicamentos.
Según la especialista, un dolor agudo mal controlado genera tanto sufrimiento inmediato, además de riesgos de efectos adversos, baja adherencia a los tratamientos, deterioro progresivo de la calidad de vida, así como impedimento de que el paciente participe activamente en programas de rehabilitación, lo que retrasa su recuperación funcional y prolonga su incapacidad.
Entonces, ha recomendado reemplazar la perspectiva de "atacar el síntoma" por el enfoque de "gestión del paciente", así como indican las guías clínicas internacionales, priorizando un manejo de analgesia multimodal.
Actualmente, ha asegurado, ningún medicamento cumple todas las características necesarias para tratar el dolor, de manera que se requieren estrategias combinadas, es decir, combinar diferentes clases de analgésicos que actúan sobre distintos mecanismos del procesamiento del dolor para obtener un alivio superior con dosis menores de cada fármaco, lo que también ayudará a reducir los efectos secundarios.
El objetivo de este enfoque es generar sinergia terapéutica al intervenir múltiples vías neurobiológicas, lo que brinda un control más efectivo y sostenido del dolor; potencia el efecto de medicamentos no opioides; disminuye la necesidad de opioides fuertes; reduce la incidencia de efectos adversos relacionados con altas dosis de un solo fármaco; favorece la movilización temprana y la rehabilitación; y optimiza tiempos de hospitalización y eficiencia institucional.
En ese sentido, ha precisado que existe el medicamento Dipirona (Metamizol), el cual, según la evidencia mostrada, no actúa únicamente como un analgésico periférico clásico, sino es el resultado de varios mecanismos complementarios. Este ha demostrado eficacia en dolor postoperatorio, dolor cólico y dolor agudo moderado a severo. Además, se puede utilizar por vía intravenosa, intramuscular u oral, lo que facilita su integración en protocolos hospitalarios.
Adicional, en el contexto intraoperatorio o postoperatorio inmediato, en combinación con anestesia regional, puede potenciar el control analgésico sin aumentar proporcionalmente los efectos adversos, ha agregado la especialista.
¿Qué barreras persisten hoy en el tratamiento del dolor?
Por otro lado, la Dra. Soledad Raña ha señalado los desafíos actuales, como controlar el dolor, considerando el mejor balance beneficio–riesgo posible, particularmente en poblaciones vulnerables como adultos mayores o pacientes con comorbilidades. Asimismo, está la automedicación sin criterio clínico, ya que aproximadamente el 85 por ciento de los adultos utiliza analgésicos de venta libre, muchos de manera mensual o incluso semanal, lo que aumenta el riesgo de eventos adversos.
Frente a estos escenarios, ha señalado que la Dipirona debe analizarse a la luz de la evidencia científica disponible y de su perfil farmacológico dentro de las alternativas terapéuticas actuales para el manejo del dolor. Ha considerado que se trata de una opción relevante, especialmente en un contexto en el que también existen cuestionamientos en relación con los perfiles de seguridad de otros grupos de analgésicos, como los AINEs (antiinflamatorios no esteroideos) y los opioides.
De acuerdo con los datos presentados, los AINEs actualmente están asociados a complicaciones gastrointestinales y renales, así como a un mayor riesgo cardiovascular en determinados pacientes, mientras que los opioides implican riesgo de dependencia y otros efectos adversos relevantes.
Por el contrario, la Dipirona, al no ser un AINE típico, presenta un perfil de seguridad gastrointestinal y renal más favorable, lo que la convierte en una alternativa terapéutica a considerar para pacientes con sensibilidad gástrica o riesgo de úlceras que requieren un alivio potente del dolor.
¿Cómo abordar el dolor abdominal?
El abordaje del dolor abdominal, uno de los
motivos de consulta más frecuente fue otro de los ejes centrales del evento, donde el doctor Juan Federico Garzon ha presentado evidencia científica actualizada para su manejo clínico.
El dolor abdominal puede variar desde cuadros benignos y autolimitados hasta emergencias quirúrgicas potencialmente fatales, y tiene una
“frecuencia rutinaria” en la práctica médica, representando cerca del 10 por ciento de las consultas en servicios de urgencias. Por ello, su evaluación requiere un enfoque dinámico, escalonado y orientado por la sospecha clínica.
En este contexto, se ha destacado la importancia de integrar una historia clínica exhaustiva, un examen físico riguroso y un uso racional de las herramientas de imagen, junto con el tratamiento
analgésico oportuno.
En los servicios de emergencia, más del 60 por ciento de los casos corresponden a
dolor abdominal no específico, es decir, sin una causa estructural identificable en la evaluación inicial. Esto plantea el reto de diferenciar adecuadamente estos cuadros, evitando tanto el sobrediagnóstico como el uso innecesario de estudios complementarios.
En cuanto al
dolor abdominal recurrente, definido con 2 o más episodios en un periodo de 12 meses, se indicó que más del 50 por ciento de los pacientes no logra un diagnóstico preciso, lo que impacta de forma progresiva en su calidad de vida. En estos casos, se recomienda priorizar la reevaluación clínica antes de recurrir nuevamente a estudios de imagen.
Asimismo, se ha abordado el
dolor abdominal funcional, caracterizado por la ausencia de una causa orgánica, metabólica o infecciosa demostrable. Este puede manifestarse como dolor funcional aislado (de al menos seis meses de evolución) o en asociación con el síndrome de intestino irritable, por lo que su manejo debe considerar el eje cerebro–intestino, priorizando el uso de antiespasmódicos sobre analgesia convencional.
Finalmente,
en población pediátrica el Doctor Garzon ha enfatizado en la necesidad de contar con protocolos específicos y un abordaje diferenciado, evitando el sobrediagnóstico y recordando que el uso oportuno de analgésicos no compromete la precisión diagnóstica.
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