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Desde la academia
¿QUO VADIS salud pública?


Jueves, 18 de junio de 2026, a las 16:56
Carlos Terán Puente
Médico salubrista – Profesor universitario - Miembro de la Sociedad Ecuatoriana de Salud Pública
 
En 1999, vísperas del nuevo siglo, Edmundo Granda (1946–2008), salubrista, investigador y maestro, expuso su análisis sobre la situación y futuro de la salud pública en un foro sobre las perspectivas para el nuevo siglo. Más tarde, en el Foro de la Sociedad Civil y II Conferencia Nacional en Salud, en Lima 2004, lo amplió en la ponencia ¿QUO VADIS Salud Pública?  artículo publicado en el tomo tercero de “La salud y la vida” (OPS, 2011) excelente recolección de su pensamiento y de los ecos suscitados en otros autores.
 
Edmundo, fiel a su compromiso como pensador humanista y visionario, responde el “quo vadis” -literalmente “a dónde vas”- con apego al sentido introspectivo del cuestionamiento que, en la tradición bíblica no solicita información por el destino geográfico, sino que indaga por la finalidad o metas de un camino. Reflexiona tanto en las externalidades de la salud pública como en el sentido, paradigma y formas de gestionarla. Su ponencia supera la crítica frente al momento histórico incierto y desconcertante e interpela al pensamiento y acción de los y las salubristas.
 
El escrito que se reseña surgió en la década que la Organización Panamericana de la Salud, OPS, definió como tiempo de crisis de la sanidad pública. Para la OPS, esta preocupación fue tan seria que impulsó diálogos, foros, reuniones regionales y producción documental. Así, publicó La crisis de la salud pública: Reflexiones para el debate” (OPS, Washington, 1993) que reveló en ese entonces, tal como ahora, como un infausto legado que traspuso el cambio de milenio.
La alerta lanzada por la OPS se materializó en una serie de consultas y diálogos a lo largo del continente. Así, la publicación científica 540 del organismo,  recoge la descripción de las evidencias de la crisis, sus causas y pistas para encontrar salida, con amplio sustento los elementos de la situación.
 
El objetivo de impulsar el proceso de discusión de la crisis, mencionado en el texto, fue “provocar a los profesionales a que hagan un análisis más profundo con la esperanza que nos acerquemos a cambiar "lo que se mira" (ampliar el objeto de análisis) y la "forma de mirar" (utilizar tradiciones analíticas más globalizantes). Los propios lectores se van a dar cuenta de que la preocupación actual sobre la salud pública no se agota sino empieza con la publicación de este libro
 
El documento de la OPS fue un llamado al debate de quienes entienden lo público y su gestión como expresión indiscutible de una sociedad democrática y a la salud de la población como indicador de equidad y bienestar.
 
El documento de la OPS explicaba que las expresiones de la crisis eran las evidentes asimetrías e inequidad social cuando las poblaciones de bajos recursos sufrían una enorme brecha en el acceso a los servicios. Reconocía la decadencia institucional sanitaria manifiesta en la pérdida de capacidad de respuesta frente a los retos epidemiológicos e insistía en un modelo centrado en la atención médica curativa individual sin priorizar la prevención, el saneamiento ambiental y la salud comunitaria.

Estos síntomas no eran de generación espontánea, sino que provenían de un sistemático desfinanciamiento del sector salud y de la mala gestión, añadidas a la ausencia de planificación estratégica que mermó la eficacia, permanencia y la calidad de las intervenciones sanitarias públicas.

En la actualidad, a todas luces, es inevitable reconocer que la crisis se ha tornado persistente y prolongada y que, a pesar de todo lo propuesto por la OPS, como las funciones esenciales de la salud pública, se ha agravado y es aún más compleja por la creciente influencia de actores que, a inicios de este siglo, eran todavía supletorios y aún era clara la diferencia ética entre lo público y lo privada.

Ante la crisis de fin de siglo, Edmundo Granda caracteriza a la salud pública como “una práctica social /multidisciplinar / acción estatal joven que intenta interpretar y actuar sobre los públicos o colectivos humanos con miras a promover su salud, prevenir las enfermedades y apoyar el tratamiento y rehabilitación de sus enfermedades haciendo uso de los conocimientos, saberes, prácticas y tecnologías disponibles”.

En su ponencia, Edmundo invita a revisar las bases de esta disciplina positiva encargada de la prevención de los riesgos para cuestionar si es capaz de responder –con esa definición- a los nuevos retos en una etapa marcada por el cambio. Consecuentemente, el autor abre la posibilidad de “reflexionar sobre algunos requerimientos teóricos y prácticos para nuestro quehacer en este campo, apoyando la forja de una salud pública comprometida con la vida y la solidaridad”.

La continuidad de la crisis y del contexto político para la salud pública denota que, lejos de ser una coincidencia temporal, resulta de la estructura y dinámica social intactas desde el inicio de la vida republicana. Esta prolongación lacerante se ha acentuado en las sociedades con gobiernos que admiran la administración Trump como modelo. Se autonombran eufemísticamente libertarios, nuevos y prometedores, no respetan la normativa internacional ni los límites constitucionales que, en su perspectiva, son un estorbo y fatídica herencia del pasado.

Convenientemente, quienes impulsan estas nociones para la administración pública, no toman en cuenta que todos los capitales que ahora disponen, manejan y se multiplican, son también producto del pasado. La acumulación del capital es resultante histórica levantada con el trabajo forzado, enfermedad y muerte prematura de millones de trabajadores, jornaleros y proletarios que, generación tras generación, contribuyen a la riqueza social. A esto se añade la depredación sin freno de la naturaleza para obtener la máxima rentabilidad que luego se distribuye injustamente y configura un mapa inconmensurable de desigualdad global.

Los parámetros de ese entonces, descritos certeramente por Edmundo, se aplican a lo que sucede en 2026. En efecto, afirma que los cambios sociales que explican y demuestran la crisis son “violentos, globales, y desordenan rápidamente las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales dentro de las que nos habíamos acostumbrado a vivir”.

En este punto, Granda propuso a los salubristas un cambio del objeto de reflexión para adentrarse en una nueva orientación de la mirada y una nueva comprensión del riesgo que, hasta ahora, decía, se ha entendido proveniente de la naturaleza externa, sin embargo, hoy resulta que el riesgo es producto de la razón, la organización y el ejercicio de la gobernanza en manos de las élites dominantes y sus alianzas globalistas.

En la búsqueda de elementos para una respuesta, resaltaba que “el reto para la salud pública en América Latina ante el ingreso avasallador del neoliberalismo era de naturaleza eminentemente política y tenía que ver con la sobrevivencia física de nuestra gente y la defensa del valor de la vida humana. Por otro lado… llevar a cabo cambios metódicos en la salud pública que posibilitaran interpretar al ser humano como sujeto, como ser determinante y determinado, como productor y producto”.

Desde esta consideración y desafío, Edmundo Granda manifestaba que “la salud pública se encuentra ante la necesidad de cuestionarse si el eje de su preocupación radica en las intervenciones (funcionales) más o menos racionales que puede llevar a cabo, o en su potencialidad de apoyar el empoderamiento de los individuos y grupos que pueden apoyar aquella reorganización de los fines humanos”.

A este fecha, se cumplieron las 3 semanas que, según el presidente del gobierno, aseguró que se resolvería el abastecimiento de medicamentos para los hospitales y centros de salud públicos mediante un acuerdo con India… También, puso en marcha una empresa pública para contratación centralizada de logística, medicamentos e insumos para todos los servicios hospitalarios y un anuncio de reforma...

La gestión de la salud está en crisis también por “culpa” del fútbol. El gobierno, de forma absurda e irracional, disminuyó el impuesto a la cerveza durante el campeonato mundial. Se dice que así se “estimulará la economía” con mayor venta de la bebida alcohólica. A mayor consumo, se eleva el riesgo de enfermedad y muerte asociadas al consumo de alcohol. En la lógica de incrementar el consumo cervecero sin mirar sus consecuencias, para aliviarlas en algo ¿no sería coherente rebajar las bebidas rehidratantes, el encebollado y el cebiche?

Finalmente ¿quiénes se benefician de la rebaja de impuestos a las cervezas? Bajar el costo de la cerveza revela ceguera en las consecuencias para la salud y la vida de la mayoría de las familias ecuatorianas.

El compromiso gubernamental debería, constitucional y jurídicamente, impulsar una vida saludable. Por ello, es necesario y urgente responder a la pregunta: ¿Quo vadis, salud pública? En este contexto, el análisis de Edmundo es una orientación pertinente y actual.
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