ESPECIAL - NOTA 2
Nuevo estudio revela cómo afectan las desigualdades socioeconómicas en el diagnóstico de cáncer de mama en Quito
1 de cada 4 mujeres tarda aproximadamente 8 meses hasta el diagnóstico de cáncer de mama en DMQ
Iván Dueñas Espín, investigador del Instituto de Salud Pública de la PUCE. Foto: PUCE.
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Jonathan Veletanga. Quito
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, 19 de octubre, el Instituto de Salud Pública de la Pontifica Universidad Católica de Ecuador (PUCE) ha informado que un estudio realizado en la ciudad de Quito encontró que las mujeres con menores ingresos económicos tardar más tiempo en recibir un diagnosticado confirmado de la enfermedad.
“Si bien es cierto decir que las mujeres con menos recursos se diagnostican tardíamente, parecería que en términos generales no sorprende porque es lo que se ha visto en muchos otros casos y estudios. Lo importante de este estudio es que
estamos revelando por primera vez que existen desigualdades socioeconómicas en el diagnóstico del cáncer, con base a información recolectada de fuente primaria”, ha sostenido
Iván Dueñas Espín, investigador del Instituto de Salud Pública de la PUCE, en entrevista con EDICIÓN MÉDICA.
Para llegar a este hallazgo, los investigadores han analizado los factores que prolongaban o acortaban el diagnóstico de cáncer de mama en Quito.
Dueñas ha explicado que ha liberado un estudio secundario dentro del proyecto Equity Cancer-LA, donde se han evaluado los factores asociados a los tiempos diagnósticos en
174 mujeres diagnosticadas con cáncer de mama en dos redes de salud del Distrito Metropolitano de Quito (norte y sur de la ciudad), que pertenecen al Ministerio de Salud Pública (MSP).
Según ha detallado, el principal hallazgo fue que en
1 de cada 4 mujeres registró intervalos superiores a los 235 días (aproximadamente 8 meses) hasta el diagnóstico de la enfermedad, es decir, desde que tocaron las puertas del sistema de salud (pidiendo un turno) hasta la confirmación diagnóstica histopatológica. Mientras el intervalo promedio fue de 104 días (más de 3 meses).
En este sentido, además se ha encontrado “
una marcada desigualdad económica” en los tiempos diagnósticos: las mujeres, del grupo de menores ingresos por familia, registraron un promedio de 304 días hasta el diagnóstico, es decir, “casi tres veces más” en comparación aquellas mujeres del grupo con mayores ingresos, que registraron un promedio de 132 días.
Entonces, los ingresos de la familia indican algo muy importante, que: a más ingresos económicos, menor es el intervalo del diagnóstico. Esto es “estadísticamente significativo”, ha sostenido el investigador.
“¿Por qué es importante esto? Porque mientras más temprano se diagnostica una mujer, más posibilidades hay de detectarla en estadios tempranos; en cambio, mientras más largo sea el tiempo, el riesgo de tener un estadiaje avanzado es peor”, lo que está asociado a un peor pronóstico y una mayor mortalidad, ha puntualizado.
De acuerdo al investigador, también se ha encontrado que
el 89 por ciento de las mujeres empezaron su proceso diagnóstico debido a manifestaciones clínicas, mientras que solo el 11 por ciento correspondió a “identificaciones no sintomáticas”, esto quiere decir, que fueron mujeres que estaban en tamizaje o que tuvieron algún hallazgo incidental que estableció la necesidad de acudir al médico, lo que luego terminó en el diagnóstico de cáncer de mama.
Sin embargo, “algo que no esperábamos fue que
las mujeres con síntomas, como por ejemplo un nódulo o lo que podríamos denominar un bulto en la mama,
presentaron mayores demoras diagnósticas, en comparación a las mujeres que ingresaron a través del proceso de tamizaje o hallazgos incidentales”. Esto también es estadísticamente significativo, independiente de las otras variables, ha asegurado Dueñas.
Sobre la trayectoria asistencial, el estudio ha identificado que el 67 por ciento de las pacientes recurrió tanto a servicios públicos como privados para llegar al diagnóstico.
Estos hallazgos actualmente están en proceso de publicación en la revista Plus One.
Para Dueñas, este estudio muestra una realidad que podrían replicarse en otras zonas del país, donde los tiempos diagnósticos podrían incrementarse debido a barreras de acceso a los servicios de salud y exámenes diagnósticos, así como que no existe una sospecha rápida, faltan recursos económicos, entre otras.
El cáncer de mama tiene un muy buen pronóstico si se lo detecta tempranamente, además se podrían evitar muchas muertes prematuras y años perdidos por discapacidad con tan solo reducir esta injusticia social, que es que una mujer no puede llegar al diagnóstico simplemente porque no tiene dinero, ha reflexionado el galeno.
Si bien el cáncer de mama no es prevenible, como otro tipo de patologías,
sí se puede hacer una detección oportuna a través de la sospecha diagnóstica y las estrategias de tamizaje. Por esta razón, es importante enfocarse en las pacientes que tienen sintomatologías o factores de riesgo, como por ejemplo fumar o antecedentes familiares de cáncer de mama.
Entonces, a criterio del investigador, la detección oportuna no solo debe enfocarse en el fortalecimiento de las estrategias de tamizaje, sino también en que los médicos levanten de mejor manera la sospecha diagnóstica, que las autoridades garanticen el abastecimiento de los insumos y acceso a exámenes, y que mejore la coordinación entre los distintos niveles de atención.
“No basta con que una mujer consiga ingresar al sistema de salud. Lo decisivo es cuánto tarda el sistema en ofrecerle un diagnóstico a esta paciente. Recordar que en la evidencia internacional se ha atribuido que las demoras más significativas en el diagnóstico del cáncer de mama no dependen del paciente, dependen del proveedor de salud. Es decir, básicamente son
los sistemas los que tienen que mejorar de cierta forma esta ruta”, ha enfatizado.