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Ecuador | Colombia
Salud Pública

ESPECIAL - NOTA 1
El cáncer de mama aumenta en Quito y plantea desafíos para la planificación de la atención oncológica
Los resultados plantean interrogantes sobre la evolución de la carga de enfermedad y la capacidad del sistema sanitario para garantizar una atención oportuna
Lunes, 19 de octubre de 2026, a las 08:45

Wilmer Tarupi, coordinador del Registro Nacional de Tumores de SOLCA Quito.


Cristina Coello. Quito
El cáncer de mama ha aumentado de forma sostenida en Quito durante las últimas décadas, mientras la mortalidad continúa creciendo y la supervivencia de las pacientes muestra una evolución favorable. Esta es una de las principales conclusiones del estudio de base poblacional del Registro Nacional de Tumores (RNT) de SOLCA Quito que analizó información epidemiológica, entre 1985 y 2019, y que plantea desafíos para la planificación de los servicios oncológicos.
 
El estudio, publicado en la “Gaceta Mexicana de Oncología” registró 8.203 casos de cáncer de mama en mujeres y 2.977 defunciones durante 35 años. La incidencia aumentó un 2,31 por ciento anual entre 1996 y 2019, mientras que la tasa de mortalidad también creció, aunque a un ritmo menor durante los años más recientes del estudio.
 
En entrevista con EDICIÓN MÉDICA, Wilmer Tarupi Montenegro, coordinador del Registro Nacional de Tumores de la Sociedad de Lucha contra el Cáncer (SOLCA) sede Quito, ha señalado que “contar con una serie histórica de esta extensión permite comprender mejor la evolución de la enfermedad y aporta información relevante para la toma de decisiones" sanitarias.
 
Estos datos de 35 años se convierten “prácticamente en un referente para la región. Son pocos registros que tienen toda esa trayectoria y permiten ver cómo se ha comportado la incidencia y la mortalidad del cáncer y la supervivencia a lo largo de estos años en la ciudad”, ha recalcado Tarupi.
 
Una supervivencia del 80 por ciento
 
El especialista ha mencionado que, según el estudio, la supervivencia global a cinco años alcanzó el 80 por ciento entre 2015 y 2019. En el periodo 1995-1999, este indicador se situaba aproximadamente en el 70 por ciento, lo que refleja una evolución favorable del pronóstico de las pacientes diagnosticadas en los años más recientes.
 
Sin embargo, la mejora de la supervivencia no significa que la enfermedad esté controlada. La incidencia y la mortalidad continuaron aumentando durante el periodo estudiado.
 
Tarupi ha destacado la distancia respecto de los resultados de países con mayores niveles de desarrollo sanitario. “En Estados Unidos, Canadá sobrepasa el 90 por ciento”, afirma al referirse a la supervivencia a cinco años.
 
La comparación apunta a una brecha que merece investigarse, y añade que sería necesario considerar, entre otros aspectos, las características de las pacientes, el estadio al diagnóstico, los tratamientos recibidos y las condiciones de acceso a los servicios de salud.
   
El diagnóstico temprano y las desigualdades en el acceso
 
Otro de los resultados relevantes identificados por el Registro Nacional de Tumores es el incremento de los diagnósticos en estadio I desde finales de la década de 1990. En cambio, los estadios II, III y IV permanecieron relativamente estables a lo largo del periodo.
 
Para Tarupi, este comportamiento debe analizarse desde la perspectiva de las desigualdades en el acceso a la atención sanitaria. El investigador sostiene que la posibilidad de detectar la enfermedad en etapas tempranas no es igual para todas las mujeres.
 
“Al no existir un plan organizado de tamizaje, solo ciertas mujeres se pueden beneficiar de estas captaciones tempranas”, ha advertido.
 
El coordinador del Registro Nacional de Tumores explica que, cuando la detección depende de que cada paciente acuda por iniciativa propia a un establecimiento sanitario y consiga acceder a los exámenes necesarios, pueden persistir diferencias en las oportunidades de diagnóstico.
 
“Si no tiene la capacidad de acceder o no puede acceder, entonces no se está beneficiando de las campañas de promoción, prevención y diagnóstico temprano”, señala al referirse, por ejemplo, a la ruralidad donde no son frecuentes las campañas preventivas.
 
El estudio no establece una relación causal entre estas barreras y el aumento de la mortalidad. No obstante, sus resultados ofrecen información para examinar la distribución de los diagnósticos por estadio y evaluar si las estrategias de detección y atención llegan de manera equitativa a la población.
 
De las estrategias nacionales a una atención organizada
 
Tarupi ha recordado que el cáncer de mama fue uno de los tipos de cáncer priorizados en la estrategia nacional de 2017. También señaló que la Ley de Atención Integral al Cáncer contempla la necesidad de contar con un plan nacional que articule las acciones de prevención, diagnóstico y tratamiento.
 
“Creo que esa es la instancia en donde deberían cubrirse todas estas estrategias en ciertos tipos de cáncer priorizados, pero que garanticen una cobertura nacional y tengan en cuenta estas desigualdades sociales”, ha insistido.
 
Al ser consultado sobre la aplicación de este estudio en la planificación sanitaria, ha explicado que los datos epidemiológicos pueden ayudar a dimensionar la demanda de servicios, identificar necesidades de atención y establecer indicadores para evaluar las políticas de control del cáncer.
 
Sin embargo, ha sido enfático en señalar que la organización de un programa de tamizaje requiere también definir a qué población se dirige, cómo se garantiza el seguimiento de las mujeres examinadas y qué capacidad existe para confirmar los diagnósticos e iniciar el tratamiento oportunamente.
 
En este contexto, la evolución de la incidencia y la mortalidad plantea la necesidad de evaluar la capacidad de respuesta de los servicios oncológicos. La mejora de la supervivencia constituye un resultado favorable, pero debe analizarse junto con la persistencia de la mortalidad y la distribución de los casos según el estadio de la enfermedad.
 
Tarupi ha insistido en que el estudio de Quito aporta evidencia sobre la evolución de la incidencia, la mortalidad y la supervivencia por cáncer de mama a lo largo de tres décadas y media. Su principal contribución es mostrar que, pese a la mejora de la supervivencia y al aumento de los diagnósticos en estadio I, la carga de la enfermedad continúa creciendo.
 
Finalmente ha dejado claro que, para el sistema sanitario, el reto consiste en transformar la información epidemiológica en decisiones que permitan planificar los servicios, mejorar la oportunidad del diagnóstico y del tratamiento y evaluar las desigualdades en el acceso.
 
Esta información elaborada por SOLCA “ofrece una base” para ese trabajo, aunque serán necesarios análisis adicionales para identificar las causas de las tendencias observadas y determinar qué intervenciones pueden mejorar los resultados en salud, ha sugerido el investigador.

El dato

El estudio plantea fortalecer la detección temprana y avanzar hacia un programa organizado y equitativo de atención.
 


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