Los datos del cáncer deben orientar una atención más equitativa y fortalecer la promoción de la salud
Las desigualdades socioeconómicas condicionan las posibilidades de diagnóstico, tratamiento y supervivencia de las personas con cáncer
Miércoles, 21 de octubre de 2026, a las 12:53
Equipo del RNT de SOLCA Quito.
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Cristina Coello. Quito
Las desigualdades sociales constituyen uno de los principales desafíos para la atención del cáncer en Ecuador. La posibilidad de acceder a un diagnóstico oportuno, recibir tratamiento y sobrevivir a la enfermedad no es igual para toda la población. Por ello,
Wilmer Tarupi, coordinador del Registro Nacional de Tumores (RNT), ha planteado nuevamente que los datos epidemiológicos deben servir para
orientar intervenciones que respondan a las necesidades de quienes enfrentan mayores
barreras sanitarias.
“En términos sencillos, las personas en menores posiciones socioeconómicas son aquellas que tienen los
peores resultados en salud. Se enferman más de cáncer, mueren más y sobreviven menos”, ha comentado Tarupi en entrevista con EDICIÓN MÉDICA.
Desde esta perspectiva, registrar los casos no se limita a cuantificar la enfermedad. La información permite reconocer
tendencias, identificar diferencias en los resultados de salud y
aportar elementos para planificar la respuesta del sistema sanitario. El reto consiste en que las políticas y los programas no beneficien únicamente a quienes ya tienen mejores condiciones para acceder a los servicios.
“De lo contrario sucede que se propone una nueva intervención, ya sea de tamizaje, de diagnóstico o de tratamiento, pero los que se benefician es un cierto grupo y no al que realmente está más afectado”, ha advertido el investigador.
Pasar de los datos epidemiológicos a las decisiones
El RTN ha reunido información de los casos nuevos de cáncer en las poblaciones que cubren sus registros de base poblacional. Su trabajo combina distintas fuentes de información, tanto públicas como privadas, para describir la incidencia de la enfermedad y
analizar indicadores como el estadio de la enfermedad al diagnóstico y la supervivencia.
La cobertura del registro permite producir evidencia para comprender la situación epidemiológica, aunque no equivale a disponer de información completa sobre todas las dimensiones de la atención de cada paciente. Para conocer con mayor detalle los tratamientos recibidos y otros aspectos clínicos, también son necesarios los
registros hospitalarios.
La información del RNT puede
orientar decisiones en distintos niveles del sistema sanitario.
En la atención primaria, los datos contribuyen a dimensionar las necesidades de la población y respaldar acciones de promoción de la salud, identificación de signos y síntomas sospechosos y reconocimiento de antecedentes personales o familiares que ameriten evaluación. La detección de una posible enfermedad debe acompañarse de una
derivación oportuna hacia los servicios que puedan confirmar el diagnóstico.
En el tercer nivel de atención, el estadio al diagnóstico y los indicadores de supervivencia ayudan a evaluar los resultados y las necesidades de atención integral. Su análisis permite plantear preguntas sobre la oportunidad de la atención y las
posibles brechas entre las personas que acceden a los servicios y aquellas que encuentran obstáculos para hacerlo.
Tarupi ha considerado que estos indicadores deben utilizarse para
evaluar la respuesta sanitaria, no solo para describir el comportamiento de la enfermedad. Las tendencias epidemiológicas permiten
estimar la demanda presente y futura de servicios, un aspecto relevante ante el crecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida.
El RNT como una herramienta para investigar
Al ser consultado sobre más aplicaciones de los estudios poblacionales, Tarupi ha sido enfático en señalar que la información epidemiológica ofrece una
base para que otros investigadores formulen hipótesis, identifiquen problemas y orienten nuevos trabajos.
También ha dejado claro que los datos poblacionales no responden por sí solos todas las preguntas sobre las causas de las
tendencias observadas, las trayectorias de atención o la efectividad de los tratamientos.
Para avanzar en esas áreas se necesitan
investigaciones complementarias sobre el tiempo transcurrido entre la aparición de síntomas y el diagnóstico, las derivaciones entre niveles de atención, el acceso a servicios públicos o privados, la continuidad de los tratamientos, la adherencia terapéutica y la calidad de vida de los pacientes.
No obstante, la calidad y oportunidad de los datos siguen siendo un desafío. La heterogeneidad de los
informes histopatológicos y la falta de interoperabilidad entre instituciones públicas y privadas dificultan la captura automatizada de información y obligan a realizar procesos manuales.
De la prevención a la promoción de la salud
Para Tarupi, la respuesta al cáncer no debe limitarse a detectar casos o tratar la enfermedad una vez diagnosticada. También requiere
fortalecer la promoción de la salud, reducir la exposición a
factores de riesgo y desarrollar intervenciones que alcancen a la población antes de que aparezca la enfermedad.
El investigador ha insistido en que el tabaco y el alcohol están entre los factores sobre los que pueden actuar las
políticas de salud pública. Las campañas y otras intervenciones deben diseñarse considerando su alcance y su capacidad para llegar a los grupos más afectados. La
promoción de la salud, en este sentido, no reemplaza la prevención, el diagnóstico ni el tratamiento, sino que amplía la respuesta sanitaria hacia las condiciones que influyen en la salud de la población.
Este enfoque también implica anticiparse a las necesidades futuras. El
crecimiento poblacional y el envejecimiento demográfico pueden incrementar la demanda de servicios oncológicos, por lo que la planificación requiere información epidemiológica, objetivos definidos y mecanismos para evaluar los resultados.
Tarupi ha considerado necesario avanzar en la organización de una
respuesta nacional articulada mediante un plan, regulado y con lineamientos operativos que permitan coordinar las acciones. Asimismo, sostiene que los
cuidados paliativos deben formar parte de la atención desde el diagnóstico, en lugar de abordarse únicamente al final de la vida. La respuesta al cáncer, señala, debe contemplar tanto los tratamientos como el acompañamiento de pacientes, cuidadores y familias.
Una investigación complementaria
La información del Registro Nacional de Tumores puede complementarse con estudios que examinen cómo las personas atraviesan el sistema sanitario. Un ejemplo es la investigación que
‘Equity Cáncer LA’ desarrollada por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), que analizó las desigualdades en el acceso a la atención mediante entrevistas a pacientes.
Mientras el RNT permite conocer la aparición de nuevos casos y estimar las necesidades de los servicios de salud, la investigación de la PUCE examina las
trayectorias de atención, es decir a qué establecimientos acuden las personas, cómo se desplazan entre los sectores público y privado, cuánto tiempo esperan y qué costos afrontan.
“En ese sentido (las investigaciones) creo que se complementan los datos y ayudan a entender un poco más la situación del cáncer en el país”, comenta Tarupi. Los registros epidemiológicos describen
la magnitud y la evolución de la enfermedad; los estudios centrados en los pacientes ayudan a comprender las
barreras que experimentan durante la búsqueda de diagnóstico y tratamiento, ha declarado.
La articulación de estas evidencias puede contribuir a orientar políticas sanitarias que no solo respondan al número de casos, sino también a las diferencias en el acceso a los servicios y en los resultados de salud. El desafío es
transformar la información en decisiones que prioricen a las poblaciones más afectadas, fortalezcan la promoción de la salud y garanticen una atención oportuna e integral, ha concluido el investigador.