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DÍA INTERNACIONAL DE MUJER MÉDICA
La medicina no tiene género, pero la mujer le pone un alma especial, aseguran tres médicas
Algunas médicas consultadas defienden que la sensibilidad de la mujer no es debilidad
Miércoles, 11 de febrero de 2026, a las 16:02

Johanna Montalvo, Carla Burbano, Pamela Torres.


Cristina Coello. Quito
¿Hay diferencia si el paciente es atendido por un médico que por una médica? A la hora de las oportunidades laborales y las remuneraciones, ¿hay desigualdades debido al género? Ambas preguntas son respondidas con un “sí” por tres especialistas que cuentan los logros y los retos de ellas y sus colegas a propósito del Día Internacional de la Mujer Médica, que se celebra cada 11 de febrero.
 
Para Pamela Torres, médica familiar, líder del área de Calidad en el Centro de Especialidades de Diálisis La Mariscal del IESS, la diferencia en cuanto a la atención que se brinda a una persona enferma radica en la empatía. “Las mujeres médicas tenemos empatía al tratar a nuestros pacientes y ellos lo identifican”, asegura. “Por eso, en ocasiones, nos prefieren. Esa empatía nos permite verlos de una manera integral. Eso es lo que nos caracteriza y diferencia. Escuchar no solo sobre sus dolencias sino también su aspecto emocional hace la diferencia”.
 
Johanna Montalvo es médica familiar y docente. Ella destaca que las médicas mujeres se destacan porque no limitan su trabajo solo a atender a los pacientes, sino que se comprometen en “acompañar todos los procesos” que tienen que ver con la enfermedad y su tratamiento -más en el caso de las especialistas en Medicina Familiar- ya sea que esos procesos sean positivos o negativos.

Se trata, entonces, de una sensibilidad especial que tienen las médicas al tratar a una persona que presenta una dolencia. Pero tal característica, ¿no las muestra a ellas también más vulnerables, quizá más débiles?
 
“La sensibilidad de la mujer no es debilidad, se puede vivir con empatía y se puede hacer un cambio y ayudar a las personas, tanto a pacientes como a todos a quienes podemos compartir nuestros conocimientos”. Eso es lo que sostiene Carla Burbano, médica del Hospital IESS Santo Domingo, especialista en cirugía general y laparoscópica.

Quizá esa empatía que, aseguran, caracteriza a las mujeres médicas se deba a que comparten con el paciente la experiencia de luchar por vencer graves dificultades. Torres explica que hubo un tiempo en el cual las manos de las mujeres “solo podían cuidar desde la sombra”. Pero hoy, “esas manos lideran hospitales, quirófanos e investigaciones y, sobre todo, sostienen la esperanza”.

En el Día de la Mujer Médica, dice Torres, se honra la herencia de una lucha incansable de mujeres fuertes y resilientes, que se negaron a permanecer en silencio. “Hoy somos la prueba viva de que la Medicina y la Ciencia no tienen género, pero sí tienen alma”.
 
La lucha que no termina
 
Uno de los mayores desafíos para las mujeres médicas, sostiene Montalvo, ha sido demostrar que el liderazgo femenino no es una excepción sino una capacidad real y necesaria. “Muchas veces, como mujeres hemos trabajado el doble para ser escuchadas o tomadas en serio; esos desafíos me han fortalecido y me han obligado a prepararme más y confiar en mi trabajo como mejor carta de presentación”, sostiene la médica familiar.
 
Una situación que no le es extraña a Burbano. Ella cree que las mujeres aún enfrentan grandes retos, sobre todo en la inclusión en espacios que han sido dominados por los hombres, como, justamente, en su área. “No había muchas cirujanas, ahora es un orgullo ser parte de ese grupo; un orgullo que se basa no en que crea que por ser mujer seamos mejores, sino en que a través del esfuerzo hemos demostrado que podemos ser parte de esferas como la cirugía”.
 
Otro espacio que antes estaba copado solo por hombres médicos es el de los cargos directivos en los hospitales. Eso está cambiando. Montalvo, por ejemplo, cuenta que ella misma ejerce un cargo jerárquico: “soy directora de hospitalización y consulta externa, otra faceta a la que las mujeres no accedían. Aún hay retos en el mundo médico, pero ya se han abierto las puertas para otras mujeres que quieran superarlos”.
 
Si las mujeres médicas no se consolidan del todo todavía en cargos directivos es por la demanda de tiempo, asegura Torres. “Hemos avanzado increíblemente en investigación, en dirigir hospitales, en coordinaciones, tanto en la parte pública como privada; sin embargo, una de las limitantes es el tiempo porque los cargos son más demandantes al ser más de tipo administrativo, pero, además, las mujeres también tenemos otros roles en la sociedad y quizá eso nos limita”.
 
Burbano coincide. Ella afirma que “todavía el rol de la mujer está destinado al cuidado de la familia y aún no hemos roto esas barreras; por tanto, la mujer sigue sacrificando más que el hombre”.

Son roles tan arraigados socialmente que hacen que los mismos pacientes duden de la eficacia de una mujer médica frente a un médico hombre. Al respecto, Burbano asegura que esas dudas no se perciben cuando una mujer tiene un cargo directivo, hasta es mejor recibida. “Pero, por ejemplo, en el campo de la cirugía sí hay sesgo, incluso por los pacientes, quienes preguntan quién le va a realizar la cirugía, un hombre o una mujer; ni siquiera creen que existan mujeres cirujanas”.
 
No es así en todas partes. Mientras uno se aleja de la capital y va a las provincias, esa incredulidad se transforma en asombro, cuenta Burbano: “En provincia la cultura es diferente. No les asombra ver y tener una jefa mujer, pero sí les asombra ver una cirujana mujer”.
 
Otra cosa que pesa, dice Burbano, es ser cirujana y joven. “La gente aún cree que no tienes la experiencia y capacidad para resolver los casos, pero, en general, nos preparamos mucho para atender a un paciente”.
 
Ella destaca que ya hay mujeres traumatólogas, urólogas y especialistas en otras ramas que no eran comunes para el sexo femenino. “Todavía hay áreas donde faltan mujeres, pero se va generalizando la certeza de que todos podemos hacer todas las especialidades”, asegura.
 
Camino a la igualdad
 
“Cuando me gradué”, cuenta Burbano, “éramos solo cinco mujeres frente a 25 hombres. Hoy las cosas se van igualando”.
 
Hay un cambio muy importante, que destaca Montalvo. Ella explica que ahora, en Ecuador, hay más estudiantes mujeres que varones en Medicina. Eso, a la final “disminuye la brecha y, además, nos lleva a la reflexión de que nuestro potencial es mayor”. Se refiere, especialmente a que cada vez más, las mujeres médicas están en espacios jerárquicos y de decisión. “Eso incomoda a los que están acostumbrados al ‘statu quo’ pero también nos ha permitido generar nuevas iniciativas y mayor avance”.
 
Ánimo y redes de apoyo
 
Para las mujeres, el camino de la medicina puede ser especialmente difícil.  “En cuanto a remuneraciones, hay que reconocer que en el sector público tenemos salarios unificados, pero la diferencia está en el acceso al trabajo”, profundiza Burbano. “Por eso he salido de mi provincia natal. Es muy difícil que en una ciudad grande te contraten si disputas el cargo con un hombre”.

Pero, no están solas. Torres cuenta que las mujeres médicas fomentan redes de apoyo desde cuando son estudiantes, al inicio de la carrera, luego en el posgrado, porque se van conociendo. “Sabemos de las capacidades y habilidades de nuestras compañeras, esa es una fortaleza”.
 
Ella deja un mensaje de ánimo para sus colegas mujeres: “No decaigan, hay veces en las que la carrera se vuelve difícil, vamos a ver muchas cosas buenas y malas, pero no dejen que el sentido de servir y ayudar se pierda. La clave está en tratar al paciente como si fuera nuestra propia familia. Medicina es una de las carreras más altruistas que existe porque damos mucho de nosotros por el bien de los demás”.
 
En ese mismo sentido, Burbano recalca que “el valor de la mujer en la medicina no se mide por cuántas horas pasa en el quirófano o por cuánto trabaja, sino por la huella que deja en sus pacientes y en sus equipos de trabajo”.
 
Así, la constante preparación es crucial para seguir abriéndose espacios y para seguir influyendo positivamente. Montalvo, que también es docente de la Universidad Nacional de Loja y está en la coordinación de la certificación en Medicina Familiar de la Sociedad Ecuatoriana de Medicina Familiar, resalta que “el conocimiento emancipa y una mujer formada genera crítica, revoluciona los espacios donde está, es una revolución que no es violenta, más bien es profunda y provoca cambio en las mentalidades, rompe dependencias: educar es un bien revolucionario”.
 
“Invito a pensar”, finaliza Montalvo, “en que la medicina necesita más ciencia, pero también más conciencia; más formación, pero también más humanidad, y como mujeres en la medicina, nuestro valor no es ocupar espacios sino transformar el cómo se cuida, se decide y se enseña”.




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