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¿Qué recomiendan las primeras directrices mundiales sobre obesidad en niños y adolescentes de la OMS?
La base de la atención de la obesidad en niños y adolescentes no es la medicina ni la cirugía
Lunes, 12 de octubre de 2026, a las 14:16
La prevalencia de la obesidad en niños y adolescentes se ha cuadruplicado.

La prevalencia de la obesidad en niños y adolescentes se ha cuadruplicado.


Redacción. Quito
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado las primeras directrices que abordan el aumento de la obesidad entre niños y adolescentes, las cuales establecen cómo los sistemas y trabajadores de la salud pueden prestar una atención oportuna, basada en la evidencia y centrada en las personas.
 
La prevalencia de la obesidad en niños y adolescentes se ha cuadruplicado desde 1990, ha aumentado del 2 al 8 por ciento.
 
Según la OPS, en 2024, 170 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años vivían con obesidad, cifra que incluía 70 millones de niños de 5 a 9 años y 100 millones de adolescentes de 10 a 19 años.
 
La obesidad es una enfermedad crónica y recurrente que puede gestionarse con una atención eficaz. Sus consecuencias pueden comenzar en las fases iniciales de la vida y aumentar el riesgo de enfermedades no transmisibles, en particular diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Mientras que los niños y adolescentes que viven con obesidad también pueden sufrir estigmatización, discriminación y acoso escolar.
 
Por ello, prevenir y gestionar la obesidad es esencial para proteger la salud física y mental de los niños y los adolescentes, y apoyar su crecimiento saludable, educación, bienestar social y calidad de vida.
 
¿Qué recomienda la OMS para niños y adolescentes con obesidad?
 
“La base de la atención de la obesidad en niños y adolescentes no es la medicina ni la cirugía, sino el acceso a apoyo integral que propicie una alimentación saludable, actividad física y un cambio conductual sostenible… Nuestra prioridad debe ser garantizar que cada niño y adolescente pueda acceder a atención de calidad y entornos de apoyo desde una edad temprana, ayudarles a alcanzar y mantener un peso saludable y sentar las bases de la salud y el bienestar para toda la vida, ha expresado Luz María de Regil, directora del Departamento de Nutrición e Inocuidad de los Alimentos de la OMS.
 
En este sentido, la OMS recomienda firmemente intervenciones estructuradas de alimentación, actividad física y cambio conductual, impartidas individualmente o como parte de un programa multimodal. Mientras que las intervenciones de salud digital se siguieren condicionalmente con supervisión de progenitores o cuidadores.
 
Asimismo, no recomienda tratamiento farmacológico, cirugía bariátrica (cirugía para perder peso que altera el estómago o el tubo digestivo) ni dispositivos de pérdida de peso en niños de 0 a 9 años.
 
Puede considerarse ofrecer tratamiento con medicamentos aprobados para adolescentes de 10 a 19 años, solo cuando no se hayan logrado los resultados deseados con un programa de estilo de vida multimodal supervisado, y la posibilidad de cirugía bariátrica bajo condiciones estrictas en adolescentes con obesidad grave.
 
Las recomendaciones también subrayan la importancia de abordar la salud mental junto con la obesidad, dado que la ansiedad, depresión, baja autoestima y desregulación emocional pueden contribuir a conductas alimentarias malsanas, inactividad física y aislamiento social, y los niños y adolescentes que viven con obesidad pueden sufrir estigmatización y acoso que perjudican su bienestar emocional.
 
En este contexto, los trabajadores de la salud deberían abordar tanto la obesidad como las afecciones de salud mental de forma temprana y conjunta, utilizando estrategias inclusivas, adecuadas al desarrollo del niño y con colaboración de la familia, ha puntualizado la OMS.
 
Adicional, la OMS recalca que la gestión de la obesidad debería ir más allá de la pérdida de peso y tener por fin mejorar la salud, el funcionamiento diario y el bienestar: debería centrarse en la persona, adaptarse a la edad y responder a las necesidades de cada niño y familia, además de garantizar seguimiento y continuidad a largo plazo.
 



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