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Desde la academia
Un salubrista en el quirófano


Martes, 21 de noviembre de 2023, a las 09:35
Dr. Carlos Terán Puente

¿Qué hace un salubrista en el quirófano? Se puede decir que, lo mismo que Richard Carapaz o Glenda Morejón en un hipódromo. Estos medallistas comprenden, describen y explican lo que sucede, entienden el esfuerzo de los competidores. Por su lado, un médico salubrista en el quirófano distinguirá el uso de los equipos, identificará los procedimientos, interpretará los indicadores, aunque, sin la precisión de especialista. No es lo mismo interpretar melodías con partitura que hacerlo al oído.
 
Un médico cirujano, internista, anestesiólogo, puede entender, describir y lamentar lo que sucede en un hospital, formular un diagnóstico situacional, detectar las fallas y proponer cómo puede funcionar una red hospitalaria. Gerenciar la salud pública, identificar e implementar políticas coherentes, no es lo mismo que dirigir una cadena hospitalaria o un centro de servicios médicos. Una secretaría o ministerio de salud debe responder por políticas que garanticen mecanismos para lograr la salud y el bienestar para toda la población con participación social e intersectorialidad.
 
En la gestión sanitaria, la voluntad del gobierno de turno define la prioridad, impone el monto, ritmo y tipo de dedicación de los recursos financieros para la salud pública, la orientación estructural, las metas, tipo de gobernanza y programación sanitaria. La función ejecutiva, el presidente, decide el rumbo de la gestión hacia el bien común. Por otro lado, el éxito de una administración sanitaria descansa en equipos técnicos de personas con formación, honestidad, experiencia, ausencia de conflicto de intereses y compromiso individual dentro de una secretaría o ministerio sanitario. Sin embargo, colectivos técnicos pertinentes resultan insuficientes pues dependen de los factores políticos, de la orientación y voluntad del gobierno de turno. Otro elemento que condiciona la gestión pública es la coherencia de la estructura administrativa y de servicios, respecto a la ordenación geodemográfica de la población, que en el caso de Ecuador está totalmente dislocada.
 
En este marco, llama la atención la demanda de los gremios de profesionales de salud para hacerse “cargo del manejo de la salud pública del país” y asumir las funciones que corresponden al Ministerio de Salud Pública en todo el territorio. La propuesta demuestra exceso de buena voluntad, pero, requiere un análisis sosegado y en contexto.
 
La federación de médicos señala trece nudos críticos que deben ser atendidos con urgencia. Enuncian problemas reiterados y conocidos, ante los cuales la administración de salud ha respondido con remiendos porque son “situaciones de emergencia”, medidas centradas en lo inmediato y en lo médico curativo. Se ha gerenciado lo urgente biomédico sin un horizonte estratégico para el derecho a la salud.
 
Antes de entrar a este siglo, en 1999, Edmundo Granda lo explicó muy ampliamente en el artículo Quo vadis salud pública: “el problema puede no radica en las características contextuales generales ni en las características propias de la salud pública, sino en las limitadas potencialidades para imaginar el futuro en la misma forma en que estuvimos acostumbrados a proponerla y a hacerla... no tenemos una idea clara del futuro”.
 
Es claro, hasta ahora se ha impuesto la creencia de que hay que hacer algo “notable” en pocos meses, en lugar de pensar serenamente (participativamente) qué horizonte merece la salud de la población ecuatoriana transida, cada vez más, por una inmoral e inaceptable desigualdad socioeconómica, donde las y los empobrecidos sobreviven, se enferman y mueren, en medio de elementales carencias.
 
La ausencia de horizonte democratizador y las “emergentes” políticas sintomáticas aplicadas en la salud pública ha favorecido el crecimiento exponencial del empresariado biomédico con participación significativa de fondos públicos, siendo uno de los negocios más rentables del país. Esto, a pesar de los atrasos e incumplimiento de transferencias a proveedores que cubren la insuficiencia de la red pública. El crecimiento del sector privado de salud lleva una década y la pandemia solo fue un envión adicional.
 
Los gobiernos y el MSP olvidaron la construcción de un sólido primer nivel de cuidado, con puestos y centros de salud acordes con el crecimiento demográfico y la geografía. Ésta es la estrategia técnica para garantizar promoción, prevención y atención cercana, oportuna y accesible, para todas las familias ecuatorianas, en especial para quienes no pueden viajar al exterior a hacerse atender cada vez que les duele un diente. Las políticas de salud no se han dirigido a la construcción de un sistema inclusivo, intercultural, con participación social -presencia decisoria de la comunidad- gobiernos descentralizados, universidades, empresas y organizaciones sociales por territorios.
 
El cuidado de la salud depende del bolsillo de la población, no solo en enfermedades crónicas o catastróficas, sino también en lo más elemental: si una madre en un barrio urbano marginal tiene dinero para comprar el servicio de ecografía gestacional en un centro privado, tendrá la ¡oportunidad de una consulta prenatal en el centro de salud pública! ¡Sin ecografía no es atendida! Inaudito.
 
La alta inversión estatal en salud entre 2008 y 2017, centrada en lo hospitalario, curativo y no sostenible, conllevó la acumulación de capital en la industria biomédica de atención, afectó a la seguridad social con la transferencia de fondos públicos a proveedores privados y “no logró que los hogares ecuatorianos gasten menos en salud: las familias continuaban asumiendo los principales desembolsos en salud con un 45 por ciento del total como gasto de bolsillo…” (Arteaga, E. 2017). La menor inversión pública y el abandono de los servicios públicos apunta en el mismo sentido. La población está en forzada necesidad de acudir y pagar la consulta privada del presupuesto familiar.
 
En la solicitud de los gremios al gobierno entrante de hacerse cargo del MSP se olvida que las federaciones de salud son agrupaciones heterogéneas. Una buena parte de su membresía posee servicios con fines de lucro, otra parte labora en instituciones sin fines lucrativos y muchos combinan su ejercicio profesional público con la consulta privada o empresa biomédica.
 
En la gestión pública se debe considerar la transparencia y prevención de conflictos de interés que, cuando se presentan, lo frecuente es que la finalidad pública quede supeditada y perjudicada frente al propósito lucrativo. Sin un diálogo franco y claro sobre este asunto, sin transparencia en los funcionarios, como sucede en la administración gubernamental, el bien común y los recursos públicos siempre pierden. La corrupción implica una relación privada-pública no diáfana que hoy por hoy, no cuenta con mecanismos de control social ni institucional que eviten la confrontación de intereses. Esta situación no es privativa del sector sanitario, lamentablemente.
 
La construcción de un sistema nacional de salud razonable y democrático es parte de un proceso social que rebasa la invalorable misión de cada hospital y de cada red de servicios médicos. La abnegación de los equipos humanos son la columna vertebral para el cuidado de las enfermedades, pero, el MSP debe gestionar la salud y no solo la atención nosocomial. La salud pública requiere una ruta que asegure el bienestar biopsicosocial de toda la población. La dotación de medicamentos, equipos, insumos, informatización, tecnología, construcciones, telemedicina, la erradicación de la corrupción, son nudos que deben resolverse en la perspectiva explícita de cimentación de un sistema democrático y, por tanto, participativo, de salud.
 
El deber del Estado y el rol del MSP no puede ser sustituido con buenas intenciones y un enfoque restrictivo. Salud pública no es atención médica y gestionar síntomas a corto plazo no debe desplazar a lo estratégico importante. Administrar establecimientos médicos no es lo mismo que gestionar la salud pública. Una vida saludable y el bienestar para toda la población están en juego.
 
Glenda Morejón o Richard Carapaz nunca competirían en una carrera hípica, tampoco un médico salubrista manejará el bisturí en un quirófano.

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