César Paz-y-Miño. Investigador en Genética y Genómica Médica, Universidad UTE
Cuando Jonathan Swift publicó Los viajes de Gulliver en 1726, no imaginaba que su sátira sobre la pequeñez moral y la desmesura política, aplicables totalmente a las condiciones históricas del momento, anticiparía, tres siglos después, una lectura genética del cuerpo humano. Detrás de las aventuras del náufrago que visita mundos imposibles, donde los hombres miden quince centímetros o veinte metros, se esconde una parábola sobre la biología, la ética y el poder. La estatura se convierte en metáfora: la altura moral no siempre coincide con la física, y la pequeñez del cuerpo puede revelar la grandeza o la miseria de la mente. Tal cual lo que vivimos a diario.
Los liliputienses, habitantes diminutos y vanidosos, encarnan en su miniatura una alegoría del enanismo genético. Hoy sabemos que las variaciones en genes que regulan el crecimiento óseo o la producción hormonal pueden condicionar el tamaño humano.
La acondroplasia, provocada por una mutación en el gen FGFR3, limita la osificación del cartílago, produciendo extremidades cortas y una cabeza desproporcionada. El síndrome de Laron, originado en mutaciones del gen GHR, confiere insensibilidad a la hormona del crecimiento y es célebre en ciertas poblaciones de Ecuador, cuyos portadores muestran una longevidad notable y una casi completa ausencia de cáncer. El síndrome de Seckel, también conocido como “enanismo de cabeza de alfiler”, causado por mutaciones en genes como ATR o CEP152, lleva la miniaturización humana al límite: cuerpos de medio metro, cráneos pequeños y rostros finos, que parecen esculpidos por el exceso de precisión genética.
Otros, como el hipopituitarismo congénito debido a alteraciones en el gen GH1 o PROP1, impiden la secreción adecuada de hormona del crecimiento y dejan a los individuos en una infancia corporal perpetua.
Estos liliputienses reales han existido: Chandra Bahadur Dangi, nepalí, medía apenas 54,6 centímetros; Jyoti Amge, actriz india, mide 62 centímetros, y Edward Niño Hernández, colombiano, 70 centímetros, así como un par de mis pacientes. En ellos, la biología y la dignidad se funden: cuerpos diminutos que contienen una entereza colosal, como si el ánimo desafiara a la anatomía.
En el extremo opuesto, Swift presenta a los brobdingnagianos, gigantes sensatos y bondadosos, cuyo tamaño parece reflejo de su sabiduría moral. Hoy los asociaríamos con trastornos de crecimiento excesivo. El gigantismo hipofisario, causado por mutaciones en genes como AIP o GNAS, conduce a una secreción desmesurada de hormona del crecimiento. La acromegalia, forma tardía de la misma enfermedad, deforma el rostro y las manos, haciendo del cuerpo una arquitectura desbordada. Otros síndromes, como el de Sotos (NSD1) o el Marfan (FBN1), generan cuerpos altos, delgados, con extremidades largas y fragilidad vascular: una talla elevada que no siempre implica fortaleza, sino vulnerabilidad.
La historia también ha visto a sus brobdingnagianos reales. Robert Wadlow, estadounidense, alcanzó 2,72 metros antes de morir a los 22 años. Su corazón, fatigado por la magnitud, late aún como símbolo de la desmesura biológica. Sultan Kösen, turco, mide 2,51 metros; y Leonid Stadnyk, ucraniano, superó los 2,57 metros. Estos hombres, prisioneros de su propio crecimiento, evocan el límite entre lo humano y lo titánico: cuando la naturaleza olvida detener la escala y convierte el cuerpo en monumento.
Swift, sin saberlo, exploró la variabilidad fenotípica extrema mucho antes de Darwin. En biología evolutiva, los fenómenos de enanismo y gigantismo revelan cómo las especies alteran su tamaño, para adaptarse a condiciones ecológicas extremas. El autor irlandés aplicó este principio a la sociedad: en Lilliput, la pequeñez física acompaña la estrechez moral; en Brobdingnag, la grandeza corporal va unida a la mesura ética. Cada cuerpo es un mensaje, cada mutación una lección moral.
A partir de la lógica que atraviesa Los viajes de Gulliver, Swift formula, con una lucidez incómoda para su época, igual que ocurriría hoy, un cuestionamiento radical a la soberanía científica, al determinismo biológico y a la legitimación del poder por la fuerza o por la supuesta superioridad “natural”.
En Brobdingnag, los gigantes, lejos de encarnar la tiranía, actúan como guardianes de una ética elemental, fundada en la razón común, la proporcionalidad, la cooperación y el cuidado del otro, mientras que el mundo “civilizado”, pequeño en estatura pero enorme en arrogancia, exhibe una moral deformada por la ambición. Esta inversión anticipa también a una crítica profunda al determinismo genético y cultural: ni la talla corporal, ni el linaje, ni el avance técnico confieren automáticamente superioridad moral o derecho a gobernar.
Swift parece advertir que cuando la ciencia, el conocimiento o incluso la biología se convierten en argumentos de soberanía, se transforman en instrumentos de dominación. Esa lógica se repite a lo largo de la historia: las guerras por conveniencia, las invasiones colonialistas o imperialistas, el apoderamiento de territorios y recursos, han sido justificadas una y otra vez en nombre de una supuesta grandeza: racial, cultural, tecnológica o científica. Pero en realidad encubre una profunda pequeñez ética. Imperios que se proclamaron o proclaman civilizadores exterminaron pueblos enteros. Estados que invocaron el progreso científico legitiman aún hoy la explotación, la experimentación sin consentimiento o la apropiación del conocimiento o recursos ajenos.
En ese sentido, Swift desmonta con ironía lo que hoy llamaríamos biopolítica: la pretensión de que el cuerpo, el saber o la genética otorguen derecho sobre otros cuerpos. La verdadera grandeza, no reside en dominar, crecer o imponerse, sino en reconocer límites, ejercerlo responsablemente, apegarse a la ley y sostener una ética que no dependa del tamaño, ni del cuerpo, ni del ejército, o peor del genoma, sino de la conciencia histórica de nuestros propios desmanes.
Los viajes de Gulliver se leen hoy como una metáfora genética de la condición humana: el tamaño no define la virtud. Si la genética moderna puede identificar las mutaciones de FGFR3 o AIP, aún no puede corregir la desproporción moral que nos lleva a repetir, siglo tras siglo, las mismas guerras diminutas que satirizó el escritor.
El cuerpo humano, ya miniatura o coloso, sigue siendo un símbolo vivo de nuestra naturaleza: una oscilación perpetua entre el límite biológico y la ambición desmedida. Como si, aún hoy, la humanidad siguiera viajando entre Lilliput y Brobdingnag, sin hallar la talla exacta de su conciencia.
Tabla comparativa ampliada con números OMIM
Desde la genética moderna, Swift anticipó sin saberlo un principio central:
pequeñas alteraciones moleculares producen enormes consecuencias fenotípicas, pero ninguna mutación explica por sí sola la ética, la justicia o la sabiduría. El error no está en el ADN, sino en la escala moral con la que las sociedades se miran a sí mismas.
|
Escenario / Personaje |
Descripción en la novela |
Trastornos o síndromes reales |
Genes implicados |
OMIM (síndrome / gen) |
Ejemplos reales |
Significado simbólico |
|
Liliputienses |
Humanos diminutos, beligerantes y vanidosos |
Acondroplasia |
FGFR3 |
Acondroplasia #100800 / FGFR3 #134934 |
Dangi, Amge, Niño Hernández |
Pequeñez moral, poder mezquino |
|
|
|
Síndrome de Laron (insensibilidad a GH) |
GHR |
Laron #262500 / GHR #600946 |
Poblaciones ecuatorianas |
Miniaturización biológica con longevidad |
|
|
|
Síndrome de Seckel |
ATR, CEP152 |
Seckel #210600 / ATR #601215 / CEP152 #613529 |
Casos clínicos severos |
Miniatura extrema del cuerpo humano |
|
|
|
Hipopituitarismo congénito combinado |
GH1, PROP1 |
CPHD #262600 / GH1 #139250 / PROP1 #601538 |
Casos familiares |
Infancia corporal perpetua |
|
Brobdingnagianos |
Gigantes éticos y racionales |
Gigantismo hipofisario |
AIP, GNAS |
Gigantismo #102200 / AIP #605555 / GNAS #139320 |
Wadlow, Kösen |
Desmesura corporal |
|
|
|
Acromegalia |
AIP, GNAS |
Acromegalia #102200 |
Idem |
Exceso tardío de crecimiento |
|
|
|
Síndrome de Sotos |
NSD1 |
Sotos #117550 / NSD1 #606681 |
Casos pediátricos |
Crecimiento acelerado y fragilidad |
|
|
|
Síndrome de Marfan |
FBN1 |
Marfan #154700 / FBN1 #134797 |
Casos históricos y actuales |
Altura extrema + vulnerabilidad |
|
Laputa |
Científicos desconectados de la realidad |
— |
— |
— |
— |
Crítica al cientificismo sin ética |
|
Houyhnhnms |
Caballos racionales y virtuosos |
— |
— |
— |
— |
Alegoría evolutiva de la razón natural |