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Miércoles, 12 de agosto de 2026
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Ecuador | Colombia
Salud Pública

INSEGURIDAD Y PREVENCIÓN
Escopolamina, la droga que 'borra' la voluntad y deja un profundo trauma psicológico
La escopolamina no deja secuelas físicas, pero sí huella psicológicas
Miércoles, 12 de agosto de 2026, a las 13:03
Enrique Tern, docente de la USFQ.

Enrique Terán, docente de la USFQ.


Redacción. Quito
Ante la reciente ola de robos y secuestros donde las víctimas han sido víctimas del uso de la escopolamina, el docente Enrique Terán, de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), ha alertado que, si bien esa droga no deja daños físicos persistentes, el impacto psicológico que produce en las víctimas resulta inevitable y, en muchos casos, difícil de superar.
 
En entrevista con EDICIÓN MÉDICA, Terán ha precisado que la escopolamina es un anticolinérgico que “bloquea fundamentalmente la actividad autonómica o no voluntaria de las funciones corporales”.
 
Su principal característica radica en que “atraviesa la barrera hematoencefálica” y provoca lo que los especialistas denominan amnesia anterógrada, es decir que “el individuo sigue despierto, consciente, pero sin control sobre lo que está ejecutando, es decir, se robotiza en cierta forma y obedece órdenes externas sin poder oponerse a las mismas”.
 
El especialista ha explicado que, por tratarse de una sustancia que no afectan la memoria retrógrada, la víctima “recuerda en dónde guarda los valores, las claves de los cajeros, dónde vive”, lo que convierte a esta sustancia en “la más apetecida de las drogas para funciones delictivas”.
 
Vías de ingreso y síntomas
 
Terán ha detallado que la sustancia “no funciona si no entra al torrente sanguíneo”, por lo que los delincuentes buscan que ingresa al organismo a través de tres mucosas principales: la gastrointestinal, la nasal y la ocular.
 
Entre los primeros signos de exposición figuran taquicardia, boca seca, confusión y visión borrosa, a los que sigue “una fase de desinhibición” y posteriormente “la robótica”. El médico ha señalado que las pupilas dilatadas que no responden a la luz constituyen el mejor reflejo externo de la intoxicación.
 
¿Qué secuelas deja la exposición a escopolamina?
 
El experto ha sido enfático en señalar que no hay una razón farmacológica por la que la exposición a la escopolamina deje secuelas físicas a largo plazo. Aunque ha advertido que dosis extremadamente altas “puede llegar a producir depresión del sistema nervioso central y llevar a la muerte”.
 
“Lo que no hay forma de evitar son las secuelas psicológicas que pueden quedar por detrás, porque como se generan esas lagunas mentales, el individuo en algunos casos puede tener luego una dificultad para superar ese impacto, ese trauma psicológico”.
 
Ha dejado claro que “ese individuo que estuvo expuesto a la escopolamina no va a recordar jamás qué fue lo que hizo durante ese periodo de inconsciencia, ese periodo de amnesia. Y claro, mientras más largo haya sido ese periodo, más incógnita se va a quedar a la persona y más vacíos, más lagunas mentales va a tener” y por tanto “lo que sí desafortunadamente queda es ese trauma psicológico”.
 
Por otro lado, el único antídoto contra la escopolamina es la fisostigmina (de uso hospitalario), que revierte el proceso de forma más rápida, pero “no tiene la capacidad de restaurar la memoria perdida”. El fármaco bloquea las acciones de la escopolamina y restaura la función normal, ha señalado Terán.
 
Recuperar costumbres adoptadas en pandemia
 
Para el personal de salud es “relativamente sencillo” identificar a una persona que ha sido víctima de la droga, “por eso la alerta y la generación de conciencia es para los ciudadanos” e identifiquen posibles peligros.
 
Frente a este panorama, Terán ha recomendado cuatro medidas de prevención: evitar la ingesta de alimentos o bebidas “de dudosa procedencia”, no perder de vista la bebida en los ámbitos sociales, no tocarse ojos ni nariz en la calle, y “retomar la rutina de higiene con alcohol gel y pañitos húmedos” que fue común durante la pandemia de la COVID-19.
  
El docente ha concluido haciendo un llamado a “primar el autocuidado, el cuidado mutuo, el cuidado solidario”, sin caer en la deshumanización, pues “no siempre va a haber escopolamina por detrás”.




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