Edición Médica

Martes, 24 de noviembre de 2020
03:47
Ecuador | Colombia
En contexto
COVID-19 cambiando paradigmas en la atención


Lunes, 24 de agosto de 2020, a las 17:35
* Daniel Rodríguez, especialista en Administración de Salud

¡No hago consulta por whatsapp! Cuántas veces apoyamos como médicos esta queja de los colegas ante una demanda de atención realizada por pacientes que - desde toda lógica y ética profesional - antes era impensable. ¿Cómo se puede atender a un paciente de una manera tan impersonal y poco profesional?
 
La pandemia de COVID-19 nos ha obligado a repensar muchos de los hechos no discutibles ni negociables de la sociedad y qué decir de la Medicina. ¡Cómo podíamos llegar a pensar que una muestra de cariño y respeto hacia una persona iba a ser el mantener la distancia física! ¿Cómo se nos habría ocurrido - en otras circunstancias - que una simple entrevista semi estructurada, telefónica o por whatsapp podía ser la diferencia en una atención médica oportuna para salvar la vida a una persona?
 
Pues sí, hoy lo es. El monitoreo clínico remoto de pacientes en aislamiento y en tratamiento domiciliario, se ha convertido en una estrategia que permite evaluar el estado de salud de un enfermo con COVID-19 y detectar signos de alarma como fiebre alta o dificultad respiratoria de manera oportuna, para alertar sobre la necesidad ya sea de una visita domiciliaria o de internación. Sin este acompañamiento médico remoto, los pacientes que por alguna circunstancia (propia de la enfermedad o secundaria a patología concomitante) se compliquen, posiblemente recurran a presionar por atención directamente en el sistema hospitalario o simplemente no recibirán atención en el momento preciso, pudiendo esto significar la diferencia entre la vida o la muerte, por falta de acceso.
 
En ningún país del mundo existe la cantidad suficiente de recursos y personal de salud para realizar un seguimiento domiciliario presencial de los enfermos con COVID-19 y el monitoreo clínico remoto es una alternativa real, pero en Ecuador ésta aún debe estructurarse.

Se requiere un proceso de estandarización de la práctica clínica con protocolos bien definidos, tanto para el tratamiento domiciliario (ya han sido propuestos por el consenso de expertos de la mesa 2 del COE) como para el monitoreo remoto, sea telefónico, video asistido o vía chat. Se requieren las plataformas tecnológicas y algunas ayudas para los pacientes, como termómetros digitales, oxímetros de pulso, medicación antipirética básica y conectividad a telefonía o internet en óptimas condiciones.
 
Es obvio que estamos frente a un inevitable cambio cultural en la relación médico-paciente, que no puede prescindir de un soporte edu-comunicacional sólidamente diseñado, que permita romper muchas barreras preconcebidas de lado y lado y que, además, no puede desestimar la salud mental de los pacientes y otras necesidades propias del aislamiento.
 
Hace muchos años que la telemedicina - en sus varias modalidades - está entre nosotros, pero nunca tuvo tanta presión de desarrollo como ahora, impulsada por las condiciones impuestas por una enfermedad que nos ha cambiado en todo sentido.
 
¿Estaban los médicos preparados para este desafío? ¿Alguno de nosotros aprendió en las aulas cómo manejar un paciente en una consulta por chat, en una consulta telefónica, o en una consulta por video llamada? Los pocos que contesten afirmativamente, de seguro lo hicieron como parte de un enfoque novedoso, pero no como una necesidad básica de relacionamiento con el paciente en una práctica asistencial habitual, que es lo que ha impuesto esta pandemia.
 
El tratamiento domiciliario, desde un punto de vista administrativo en salud, representa un enorme respiro para la red hospitalaria saturada de pacientes, que posiblemente con oxigenoterapia (concentradores de O2) y otro soporte farmacológico entregado en un organizado esquema de visitas domiciliarias a cargo del equipo local de salud, puede manejar una serie de pacientes sin necesidad de hospitalización convencional.
 
La mala noticia: en esta lógica se requiere inversión para reforzar la atención primaria; la buena: que esto es más barato que transformar camas hospitalarias para COVID-19.
 
Mucho que aprender, mucho que regular, mucho que investigar, mucho que cambiar y ¡no tenemos tiempo!, tenemos que hacerlo mientras caminamos y esto, sin duda, también acarrea una gran responsabilidad, una responsabilidad que no puede dejar de ser considerada todos los días por los médicos asistenciales: la calidad y la seguridad del paciente.
 
Surgen en este escenario muchos cuestionamientos que aún no están claros, que no tienen una respuesta concreta, pero que sin duda alguna van a marcar todo un nuevo camino de desarrollo de la salud digital, de la atención remota en salud y del antiguo paradigma de nuestros grandes maestros, en el que la atención médica era en presencia del paciente.
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