Pichincha, Guayas y Manabí concentran el 64 por ciento de las muertes por Alzheimer
El INSPI aclara que la enfermedad no es mayor riesgo, es mayor diagnóstico
Lunes, 21 de septiembre de 2026, a las 13:21
Los estudis reflejan que falta atención en la enfermedad (Foto: Ministerio de Ciencia de España).
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Redacción. Quito
El
Alzheimer en Ecuador presenta una doble cara que lo vuelve una
amenaza silenciosa y desigual. A decir de últimos estudios realizados en el país y que dejan ver que, mientras la ciencia internacional ya permite anticipar la enfermedad en fase preclínica con inteligencia artificial y un análisis de sangre, en el país la mortalidad registrada sigue concentrada en las grandes ciudades y esconde un
probable subdiagnóstico rural.
Esa son algunas de las conclusiones de ultimas publicaciones en el país y difundidas en la
revista Ateneo del
Colegio de Médicos del Azuay en el artículo de revisión "
El Alzheimer una amenaza silenciosa"; y en el estudio ecológico del INSPI (Instituto Nacional de Salud Pública) denominado "
Carga territorial y urbano-rural de las defunciones por Alzheimer en Ecuador 2012-2022", revisados a propósito del
Día Mundial del Alzheimer 2026.
Las coincidencias de los estudios
El estudio ecológico ha revisado cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos del 2012 al 2022 e identificó
4.836 defunciones con causa básica ‘G30-Alzheimer’ en 11 años, de ellas 3.851 fueron
urbanas (79,6 por ciento) y 985
rurales (20,4 por ciento).
Además, se ha identificado tres provincias (Pichincha, Guayas y Manabí) como las que concentran 3.084 muertes, el 63,8 por ciento del total nacional.
Guayas muestra la razón más extrema con 17,72 muertes urbanas por cada rural (es decir 957 frente a 54).
El segundo dato lo aporta la revisión de la
Universidad Católica de Cuenca y que publica Ateneo, donde han identificado que los modelos de ‘deep learning’ (Inteligencia Artificial - IA) sobre resonancia magnética diferencian con alta precisión un cerebro sano, o el
deterioro cognitivo leve (DCL) y el Alzheimer.
Pero lo importante es que esa identificación puede ser un predictor de la conversión de DCL a demencia. Los biomarcadores plasmáticos de
beta-amiloide y
tau fosforilada, correlacionados con daño estructural y declive cognitivo, ofrecen una vía menos invasiva para esa detección precoz.
Según esa investigación, el alelo APOE-ε4 se confirma como
principal factor genético (adelanta el inicio y agresividad) frente a factores modificables donde sí se puede intervenir como son la hipertensión, diabetes, obesidad, inactividad física y baja escolaridad.
De su lado, la publicación científica del INSPI, ha identificado que en el Ecuador no mueren más personas de Alzheimer en la ciudad porque el riesgo sea mayor, sino porque allí se
diagnostica y se
certifica esa causa de muerte.
Los autores del estudio del INSPI, han sido enfáticos en señalar que son “prudentes” con los resultados, ya que trabajaron solo con frecuencias absolutas,
sin tasas crudas ni ajustadas por edad y sin denominadores poblacionales urbano-rurales.
En ese sentido, han señalado que la mayor cantidad de muertes por Alzheimer en las ciudades más pobladas no es riesgo de mayor enfermedad. Es reflejo de mayor población urbana envejecida,
concentración de neurólogos, geriatras, imagen y laboratorios, y mejor certificación médica. En lo rural, la muerte de una persona con demencia se atribuye a la causa inmediata (infección, evento cardiovascular, fragilidad, senilidad) sin consignar la neurodegeneración de base.
Esa hipótesis se refuerza en casos como, por ejemplo, la Amazonía y Galápagos que suman menos de 20 defunciones cada una en 11 años, y Galápagos y Orellana registran cero muertes rurales. No es ausencia de enfermedad, advierten, es
ausencia de detección, barreras geográficas, económicas y culturales,
migración asistencial hacia Quito, Guayaquil, Cuenca y mala calidad del certificado de defunción.
Lo rural, paradójicamente, debería tener más carga real, pues, según el estudio, la literatura latinoamericana
asocia demencia con mujer, menor escolaridad y residencia rural por determinantes sociales acumulados. Si Ecuador muestra lo contrario en los registros, es señal de
carga oculta, no de protección.
Sin embargo, se ha dejado claro en provincias de alta carga visible urge
planificar cuidados de larga duración, domicilio, paliativos y apoyo al cuidador. En territorios de baja notificación urge
buscar casos, no felicitarse por tener pocos.
En consecuencia, ambas publicaciones han coincidido en el mismo punto, que la tecnología promete identificar tempranamente la enfermedad, pero el sistema de salud debe actuar oportunamente para no llegar al diagnóstico tardío. La revisión de Cuenca celebra la alta precisión de la IA, pero reconoce la falta de validación en la población latinoamericana por la poca
accesibilidad en sistemas de salud con
recursos limitados como el de Ecuador.
La fortaleza del estudio ecológico son los 11 años de
datos oficiales que permiten visibilizar por primera vez la
dimensión provincial y urbano-rural de una de las principales enfermedades neurodegenerativas e identifica dónde hay más registro.
No obstante, ambos artículos han llegado a la conclusión de la necesidad de mejorar la
atención primaria en el cribado cognitivo, afinar la certificación de causa de muerte en mayores multimórbidos, y ampliar la
vigilancia epidemiológica con tasas ajustadas por edad, sexo y área.