Valeria Castillo, abogada de Ds Legal Group.
En los pasillos de los centros médicos, donde cada minuto es importante, el orden se convierte en un acto de humanidad. La urgencia demanda claridad, y los códigos se alzan como un lenguaje secreto que traduce el caos en acción.
En Ecuador, el orden dentro de los hospitales no es fruto del azar, sino de protocolos que buscan dar estructura a lo inesperado y por ello, los códigos se encuentras segmentados. Por un lado, existen aquellos orientados a la atención directa del paciente, que consiste en asignar un color, que permite optimizar la respuesta médica según la necesidad clínica y los diseñados como protocolos específicos para enfrentar situaciones críticas dentro de los centros de salud, garantizando un abordaje coordinado.
Entre ello, se cuenta con códigos de colores para el triaje de pacientes, los mismos que se han convertido en un lenguaje silencioso pero universal, entre estos constan: el rojo que advierte un riesgo vital inminente, el naranja señala un peligro alto, el amarillo marca la urgencia moderada, el verde indica un cuadro de menor gravedad y el azul descarta la emergencia. Este sistema, inspirado en el Triaje de Manchester, permite que la atención fluya con precisión y que la gestión hospitalaria conserve una armonía indispensable en medio del vértigo de la urgencia médica.
Ahora bien, por otro lado, en las más de 2.116 unidades del Ministerio de Salud Pública, entre hospitales y centros de atención, la cotidianidad de la práctica médica se ha visto desafiada por nuevos retos dentro del sistema de salud, el cual puede enfrentar amenazas tanto de violencia como de seguridad.
Desde la emisión del Acuerdo Ministerial 0267, en el año 2018, el país comenzó a incorporar protocolos inéditos, como el Código Púrpura y en el año 2022 el Código Plata, los cuales marcan la diferencia en la protección de pacientes y personal.
Solo en el año 2024, el Código Púrpura, el cual está dirigido a casos de violencia sexual o de género, se activó en 282 ocasiones; el 60 por ciento de las víctimas fueron mujeres, un 5 por ciento niños, un 30 por ciento hombres y un 5 por ciento correspondió a personas que se identifican con diversidad de género. Una vez activado, el procedimiento se convierte en una cadena de acciones precisas por parte del personal sanitario.
En caso de que la víctima acuda al centro médico con su agresor, una vez identificada la situación, el personal médico deberá separar de inmediato a la víctima y se deberá asignar atención médica única para evitar la revictimización y activar un equipo interdisciplinario de apoyo, el cual deberá estar conformado por psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales; que acompañen a la paciente en el proceso de denuncia con la intervención inmediata de la Policía y la Fiscalía para detener al responsable. En paralelo, se deberá evaluar el tratamiento con antibióticos, antirretrovirales y, en los casos de violencia sexual, la atención ginecológica especializada. Siendo el código purpura un engranaje silencioso, pensado para ofrecer humanidad en medio del trauma.
Hasta el primer trimestre del año 2024, el Ministerio de Salud Pública registró 959 activaciones del Código Plata en los centros de salud del país. Este protocolo, diseñado para salvaguardar la integridad de pacientes, personal y servicios hospitalarios, busca reducir el riesgo de daños adicionales en situaciones de amenaza, siendo más frecuente en provincias como Guayas, Manabí, Esmeraldas, Pichincha y Los Ríos.
Dentro de los centros de salud la alerta se activa cuando un paciente es identificado como posible riesgo para la seguridad institucional, esto va, desde heridos con arma de fuego que podrían arrastrar consigo actos violentos, hasta familiares con conductas agresivas, o incluso cuando el entorno inmediato del hospital revela signos de amedrentamiento, intimidación o un posible atentado. También se aplica para proteger a las ambulancias que deben desplazarse por zonas de alto riesgo.
Una vez declarado el Código Plata, el personal sanitario notifica de inmediato a seguridad, esto puede ser verbalmente o por teléfono, y según el horario, al coordinador técnico o al jefe de guardia. Ellos, junto al punto focal de gestión de riesgos, coordinan con la Policía Nacional, considerando que la comunicación desde el interior del hospital hacia las unidades externas puede ser limitada. Debe existir una coordinación previa con el personal de seguridad del centro médico el cual deberá estar en puntos estratégicos, mientras se encarga la autoridad competente, la cual es puesta en conocimiento por un delegado del turno respectivo o directamente de un encargado del área.
El protocolo establece que los pacientes que se encuentren dentro del centro de salud al momento de la activación del Código Plata deben ser trasladados a un área segura, previamente definida por cada unidad de salud. Un espacio que les permita continuar con su atención mientras se mitigan los riesgos derivados de estas conductas. Así, en medio de la vulnerabilidad, el Código Plata se rige como un escudo silencioso que busca preservar la misión esencial de la medicina, atender, sin dejar de proteger.
En los centros médicos, comprender y aplicar los códigos hospitalarios significa estar preparados para afrontar lo inesperado con disciplina y humanidad. Estas claves de acción rápida no solo ordenan la respuesta ante la atención de pacientes, emergencias o escenarios que desbordan lo cotidiano, sino que también fortalecen la confianza de quienes acuden en busca de atención y de quienes entregan su labor en cada turno.
DsLegal Group, como estudio jurídico especializado en Derecho Médico, tiene como propósito brindar una sólida protección legal a los profesionales de la salud, fortaleciendo la relación médico-paciente y asegurando el cumplimiento de las obligaciones éticas y normativas en el ejercicio clínico. En caso de que los profesionales o establecimientos de la salud mantengan dudas o requieran asistencia legal, pueden comunicarse al número de contacto 098 100 1289.