EMERGENCIA DE SALUD
El nuevo brote de ébola revela algunas verdades incómodas de la biomedicina global
El hantavirus despertó interés internacional porque afectó poblaciones de América, Asia y Europa
César Paz-y-Miño. Médico, genetista e investigador de la UTE.
|
Redacción. Quito
El terrible virus del
ébola vuelve a atacar África y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado “emergencia de salud pública de importancia internacional” porque identificó que este brote es potencialmente muy peligroso y se espera que el número de casos y de personas fallecidas siga aumentando.
A decir del genetista e investigador
César Paz y Miño, este brote del virus Bundibugyo —una de las especies del complejo Ébola— “vuelve a exponer una
realidad incómoda de la biomedicina global: no todos los virus reciben la misma atención científica, económica y mediática, aun cuando poseen un enorme potencial letal”.
En un completo reporte, publicado en la
página web del investigador, se ha explicado que el Bundibugyo ebolavirus pertenece a la familia Filoviridae, un grupo de virus ARN monocatenarios negativos con
elevadas tasas de mutación, plasticidad adaptativa y una intensa interacción inmunopatológica con el huésped. Aunque el imaginario colectivo suele asociar “ébola” con la
variante Zaire, responsable de las epidemias más devastadoras, Bundibugyo posee características biológicas particulares que lo convierten en un objeto de enorme interés genómico y evolutivo.
Pero, Paz y Miño añade que, “a diferencia de los
hantavirus, cuyo estudio se expandió notablemente por su capacidad de producir síndromes respiratorios graves y por su distribución geográfica más amplia, el Bundibugyo ha permanecido relativamente
subinvestigado. Y esto no puede entenderse únicamente desde la epidemiología: existe también un componente
geopolítico, económico y étnico-geográfico que condiciona qué enfermedades reciben inversión masiva y cuáles permanecen confinadas al margen científico”.
Tras señalar el papel determinante en susceptibilidad, evolución clínica y supervivencia de la enfermedad, el investigador ha planteado una pregunta incómoda: ¿por qué el Bundibugyo no ha recibido la misma atención global que otros
virus emergentes? Y responde que “la respuesta es compleja y profundamente política”.
Menos inversión en las enfermedades que afectan poblaciones africanas
Pazmiño sigue su análisis y ha recordado que el hantavirus despertó interés internacional porque afectó poblaciones de
América, Asia y Europa, incluyó brotes en
países industrializados y generó preocupación por el potencial respiratorio epidémico. El SARS-CoV-2 paralizó economías centrales. La influenza amenaza constantemente al Norte Global. En cambio, los brotes de ébola han permanecido mayoritariamente confinados a
regiones africanas históricamente explotadas, empobrecidas y científicamente subfinanciadas.
Para él, existe un sesgo estructural en la
economía biomédica global: las enfermedades que afectan predominantemente poblaciones africanas reciben menos inversión en vacunas, genómica poblacional, vigilancia molecular y ensayos clínicos. Esto no es una hipótesis ideológica sino un
fenómeno cuantificable en financiamiento internacional y producción científica.
Durante años, la investigación sobre filovirus dependió más de preocupaciones de
biodefensa militar que de una verdadera estrategia de salud pública africana. Incluso hoy, gran parte de las plataformas vacunales fueron diseñadas prioritariamente contra Zaire ebolavirus porque era la variante considerada “más amenazante” para escenarios internacionales.
También existe una dimensión de discriminación epistemológica. Las muertes africanas suelen percibirse mediáticamente como eventos “locales”, mientras los brotes en Europa o
Norteamérica adquieren inmediatamente categoría de amenaza civilizatoria global. Es un reflejo biopolítico de cómo el valor de ciertas vidas continúa jerarquizado dentro del sistema internacional.
Paradójicamente, desde una perspectiva evolutiva y ecológica, ignorar estos
brotes regionales es estratégicamente absurdo. Los virus ARN poseen una capacidad adaptativa enorme. Cada brote masivo representa millones de ciclos replicativos adicionales, oportunidades de recombinación, selección de variantes y expansión de nichos ecológicos.
La lección más importante que dejó
COVID-19 debería haber sido precisamente esa: la salud global no puede seguir organizada bajo una lógica colonial donde solo se actúa cuando el problema amenaza a los centros económicos dominantes.
El Bundibugyo no es simplemente “otro brote africano”. Es un recordatorio de que la
evolución viral continúa operando permanentemente en escenarios ecológicos y sociales profundamente desiguales. Y esas
desigualdades también moldean qué ciencia se financia, qué enfermedades importan y qué vidas se consideran prioritarias.
Fuente: cesarpazymino.com. Link en la imagen.
|