FINALISTA PREMIOS EM
Pichincha lidera la creación de una Red Comunitaria e Integral de Salud Mental ¿Cuáles son los ejes de acción?
Sugieren dedicar más formación de Salud Mental en el pregrado y durante el internado rotativo
Katherine Chérrez, directora del Centro de Atención Ambulatoria Especializado San Lázaro.
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Redacción. Quito
La salud mental en el Ecuador está dejando de ser la "última rueda del coche", así lo ha asegurado
Katherine Chérrez, directora del Centro de Atención Ambulatoria Especializado San Lázaro.
En una entrevista con EDICIÓN MÉDICA, la también psiquiatra y magíster en gerencia en servicios de salud ha dado detalles de la
Red de Salud Mental de la Dirección Provincial Pichincha, un proyecto que para ella es “pionero”.
Según ha explicado, este grupo se convierte en la tercera gran red de la provincia (sumándose a la oncológica y a la materno-infantil) y marca un hito al ser la primera de su tipo en el país con un
enfoque netamente
comunitario y eso le valió ser finalista en los IV Premios Edición Médica a la Salud Ecuatoriana.
Tras un año de planificación en 2024 y su estructuración oficial en 2025, la red busca romper el rígido modelo biomédico y descentralizar la atención psiquiátrica de los grandes hospitales.
Diagnóstico basado en datos
La creación de esta red no fue fortuita; nació de un riguroso
levantamiento de datos y
vigilancia epidemiológica realizado en 2025.
Ese estudio reveló una cruda realidad local que contrasta con las tendencias internacionales, que la población Infanto-Juvenil tiene como primera causa de consulta externa en el primer nivel, los trastornos del neurodesarrollo, destacando el
Trastorno por Déficit de Atención (TDA) y el
autismo.
En el caso de los adultos mayores, paradójicamente, no presentan altos índices de
trastornos afectivos (como depresión o ansiedad), sino principalmente trastornos neurocognitivos (demencias y delírium).
También saltó la
alerta del suicidio que, aunque a nivel nacional bajó el índice, pasó levemente de 1,106 casos en 2024 a 1,090 en 2025. Sin embargo, la tasa en Pichincha aumentó del 7.8 por ciento al 8.6 por ciento.
Esos datos también señalan que, además, en Ecuador, la conducta suicida ya es la
primera causa de mortalidad en adolescentes.
Tres ejes y tres microredes de acción
A decir de Chérrez, para enfrentar ese panorama, la red se sostiene sobre tres ejes principales: promoción y prevención, sostenimiento de servicios, e inclusión social y laboral. A su vez, se han oficializado tres
microredes específicas:
La primera es la de Conducta Suicida, que es la que muestra los avances más consolidados hasta la fecha. Según la directora del San Lázaro, bajo el eje preventivo, se han intervenido 52 instituciones educativas en
protocolos de prevención y se ha capacitado a más de 1,000 cuidadores comunitarios y a unas 600 personas en "Escuelas para Padres" para fomentar estilos de crianza saludables, atacando factores de riesgo como la violencia intrafamiliar y el abandono.
En el eje de fortalecimiento, se ha logrado la articulación entre los tres niveles de salud, eliminando la trágica "ruta del suicidio", donde los pacientes rebotaban de hospital en hospital sin ser atendidos.
Según la psiquiatra, más de 1000 profesionales han sido capacitados en la aplicación de la
Escala de Colombia y en
protocolos de emergencia de salud mental; nivel de riesgo destino de derivación; cobertura de la red; riesgo grave; derivación directa por georreferencia a centros especializados como el Hospital San Lázaro, Hospital Julio Endara o el tercer nivel (Hospital Eugenio Espejo, que concentra el 60 por ciento de los casos más cruentos con lesiones autoinfligidas).
También ha explicado que los casos de riesgo moderado son direccionados a los servicios ambulatorios intensivos (SAI). Actualmente existen
7 centros en Pichincha dotados de equipos multidisciplinarios (psiquiatra itinerante, psicología, terapia ocupacional, trabajo social y médico familiar).
Cabe señalar que los 7 centros SAI activos en el
primer nivel están distribuidos estratégicamente: en el norte (Cotocollao, Calderón, Comité del Pueblo), en los valles (Conocoto, Yaruquí) y en el sur (Huamaní, Chimbacalle).
La segunda microred es la de
Neurodesarrollo, enfocada en autismo y TDA. Chérrez ha advertido que el
TDA no tratado a tiempo tiene una comorbilidad alarmante: al menos el 70 por ciento de estos pacientes puede terminar en el
consumo de sustancias en la adolescencia para intentar automedicarse y concentrarse.
Para combatir esto y evitar el devastador "gasto de bolsillo" de las familias (donde un diagnóstico privado cuesta entre 500 y 800 dólares) la red proyecta abrir centros de
psicodiagnóstico y
tratamiento gratuitos en el primer nivel de atención.
Avanzando con la
tercera microred, la del
Adulto Mayor, se busca la detección temprana de
demencias en el primer nivel, evaluando la función cognitiva de pacientes con factores de riesgo metabólicos o cardiovasculares (hipertensión y diabetes), quienes habitualmente llegan a los hospitales especializados cuando la enfermedad ya está en etapas moderadas o severas donde es poco lo que se puede revertir.
Un llamado urgente a la Academia
Chérrez ha sido enfática en señalar que el estigma social sigue siendo una barrera crítica, pues ha señalado que solo el 12 por ciento de las personas con un trastorno mental diagnosticado tienen empleo en el país.
"Sin trabajo no hay salud mental; la autonomía también es salud", ha enfatizado la especialista, quien desmitifica que los trastornos se limiten a casos extremos de institucionalización, ya que la
ansiedad y la
depresión también entran en este espectro laboral.
Finalmente, Chérrez ha hecho un llamado a la comunidad médica y a las universidades ya que para ella "la salud mental es un
problema de salud pública y necesita ser tomado con la misma seriedad que los otros problemas que tenemos. Es una enfermedad, no es un invento. Es un desbalance neuroquímico que necesita tratamiento social y no solo farmacológico".
La especialista considera necesario que en las
facultades de Medicina dediquen más que un semestre a esta rama y que los internos de pregrado roten por el área de salud mental.
En ese sentido, y para paliar esa deficiencia ya se han coordinado capacitaciones conjuntas (con la UISEK) utilizando la estrategia MHGAP de la OPS.
Según ha informado la funcionaria, el modelo implementado en Pichincha ya está bajo la lupa de la Dirección Nacional de Salud para ser replicado en otras provincias con urgencia epidemiológica, como
Carchi, que registra altas tasas de suicidio.
Paralelamente, optimizando los recursos existentes, el Hospital San Lázaro ha anunciado la reestructuración de su cartera de servicios de
salud mental infanto-juvenil que irá desde los 10 años, un área históricamente colapsada en el sistema público.