AVANCES EN EPIDEMIOLOGÍA
Investigadores ecuatorianos evidencian que la altitud no explica, por sí sola, el riesgo de ruptura en malformaciones arteriovenosas y aneurismas
Sugieren fortalecer el tamizaje y el diagnóstico oportuno
Frank David Chamba-Vozmediano, Luis Nuñez-Del-Arco, Felipe Rodríguez-Cajiao y Fabricio González.
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Redacción. Quito
Investigadores ecuatorianos han presentado hallazgos sobre
malformaciones arteriovenosas (MAV) y
aneurismas cerebrales en población andina, mostrando que el
riesgo hemorrágico depende principalmente de características morfológicas y que muchos diagnósticos llegan recién después de la ruptura.
En un país donde la población vive con
exposición crónica a hipoxia en los Andes y donde la hemorragia cerebral sigue siendo una de las causas más devastadoras de muerte y discapacidad en adultos jóvenes, la generación de evidencia científica local se volvió una prioridad.
El investigador Fabricio González ha comentado que Ecuador ya “marca un antes y un después en la investigación” de estas patologías al demostrar que el análisis del riesgo puede y debe sustentarse con
datos de la población andina atendida en el sistema público.
González ha subrayado una “realidad preocupante: la mayoría de los pacientes llega al hospital cuando la hemorragia ya ocurrió”, y a la vez planteó que la estratificación del riesgo no debe basarse únicamente en supuestos sobre
factores ambientales.
En ese sentido, los investigadores Frank David Chamba-Vozmediano, Luis Nuñez-Del-Arco, Felipe Rodríguez-Cajiao, y, Fabricio González-Andrade han publicado tres estudios que constituyen un llamado a fortalecer el tamizaje, modernizar la estratificación del riesgo y promover
estudios multicéntricos latinoamericanos.
MAV: la altitud no funcionó como factor independiente de ruptura
En un
primer estudio a cargo de
Frank David Chamba-Vozmediano, se analizó a 229 pacientes atendidos a 2.850 metros sobre el nivel del mar y determinó que “pese a la plausibilidad biológica de que la hipoxia crónica altere la regulación vascular cerebral, la altitud no se comportó como un factor independiente de riesgo de ruptura”.
En cambio, a decir del investigador, “fueron las características morfológicas intrínsecas las que determinaron el riesgo hemorrágico”, en especial la “localización profunda del nidus” y “los grados más altos en la clasificación de Spetzler-Martin”.
Este resultado “es trascendental para el país: en ciudades como
Quito, donde la población vive bajo
hipoxia hipobárica de forma permanente, la altura por sí sola no explica el desenlace clínico. La medicina ecuatoriana, por primera vez, cuenta con datos propios para sustentar esta afirmación”, ha señalado el director de la investigación, Fabricio González.
Aneurismas: 72,45% se diagnostican después de la ruptura
El
segundo estudio, encabezado por
Luis Nuñez-Del-Arco, incluyó 236 pacientes con 302 aneurismas. Allí se reporta que “el 72,45 por ciento fue diagnosticado después de la ruptura”, lo que equivale a que “más de siete de cada diez casos se detectaron cuando la hemorragia subaracnoidea ya había puesto en riesgo la vida del paciente”.
Además, ha sostenido que se “identificó como predictores independientes de ruptura” la ubicación en arterias comunicantes anteriores y posteriores, “una longitud mayor a 4,43 mm” y una angulación “entre 45 y 90 grados”. Con esos datos, se elaboró un
modelo predictivo con “una precisión del 64,6 por ciento” para
apoyar el triaje.
González ha comentado que esta investigación “constituye el primer
perfil angiográfico y epidemiológico integral de aneurismas intracraneales en población ecuatoriana de altura”.
MAV: el número de arterias aferentes no predijo ruptura de forma independiente
El un
tercer estudio, liderado por
Felipe Rodríguez-Cajiao, se abordó otro punto crítico en el manejo de las MAV y evaluó a 129 pacientes que, aunque las MAV con “cinco o más arterias aferentes” eran más complejas y de mayor tamaño, “el número de arterias no predijo de forma independiente la ruptura”.
En el mismo sentido, la investigación señala que“las MAV de menor tamaño y aquellas con aneurismas intranidales presentaron mayor riesgo hemorrágico”.
Según ha explicado González, el estudio muestra que “las lesiones no rotas se manifiestan con mayor frecuencia como
epilepsia, mientras que las rotas se presentan con
alteraciones de conciencia y
déficits neurológicos severos. En una población predominantemente joven y mestiza, estos datos ofrecen una radiografía regional inédita del comportamiento de la enfermedad”, recalcó.
Recomendaciones para mejorar tamizaje y prevención
González ha dejado claro que estas investigaciones han buscado dejar “un mensaje claro: los
determinantes morfológicos son el eje central del riesgo hemorrágico, por encima de
factores ambientales como la altitud o medidas simplificadas de complejidad vascular”.
Pero el investigador también ha expuesto una realidad que exige acción: “la mayoría de los diagnósticos ocurre después de la hemorragia, cuando el
daño neurológico ya está instalado. Esto revela brechas estructurales en el
acceso a diagnóstico oportuno y
prevención secundaria”.
Según González, este programa investigativo “busca consolidar a Ecuador como referente regional en enfermedad cerebrovascular en contextos de gran altitud” y generar
evidencia local que permita “validar o cuestionar modelos internacionales y, sobre todo, diseñar
protocolos adaptados a la realidad sanitaria ecuatoriana”.
Ha recalcado que las investigaciones representan mucho más que publicaciones académicas, “constituyen un llamado nacional a fortalecer el tamizaje,
modernizar la estratificación del riesgo y promover estudios multicéntricos latinoamericanos”.