Edición Médica

Jueves, 27 de agosto de 2026
11:06
Ecuador | Colombia
Salud y Bienestar
Nadie cuida solo: formación interprofesional para un cuidado integral en salud


Jueves, 27 de agosto de 2026, a las 10:47
Oscar Puente Valdivia, decano de la Facultad de Salud y Bienestar de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador
 
Una mujer llega a un servicio de salud con cansancio persistente, pérdida de peso y una preocupación que no logra expresar del todo. El médico escucha su historia y plantea varias posibilidades; enfermería reconoce necesidades de cuidado que requieren atención inmediata; el laboratorio aporta resultados con relevancia clínica para orientar el diagnóstico; nutrición identifica un deterioro que puede comprometer su recuperación; psicología advierte el impacto emocional de la enfermedad, y fisioterapia empieza a pensar en cómo devolverle autonomía.
 
Cada profesional observa algo distinto. Ninguno posee, por sí solo, la totalidad de la respuesta; solo su articulación como equipo permite aproximarse a una atención integral. La mujer no llegó dividida en disciplinas. Llegó con una historia, una familia, un contexto, una expectativa legítima de cuidado, pero, sobre todo, con su vida. Somos nosotros quienes, por razones históricas, académicas y organizativas, hemos fragmentado las respuestas y conocimientos. Por eso, la unidad del cuidado no nace de una profesión, sino de la persona y sus necesidades.
 
Desde nuestra experiencia profesional en el laboratorio clínico y la medicina hemos aprendido una convicción común: nuestras profesiones son necesarias, pero ninguna es suficiente por sí sola. Cumplimos funciones distintas, aunque interdependientes. El dominio de una disciplina no debe confundirse con autosuficiencia.
 
Desde la medicina se integran hallazgos para orientar decisiones clínicas, pero esa labor depende del conocimiento y de las acciones de otros profesionales. Desde el laboratorio clínico se genera información científica indispensable, que adquiere pleno sentido clínico cuando se relaciona con la historia de la persona, la valoración clínica y las decisiones del equipo.
 
Durante mucho tiempo, la educación sanitaria ha preparado profesionales para conocer sus disciplinas profundamente, pero no siempre para comprender cómo ese conocimiento dialoga con el de los demás. Se ha valorado especialmente la competencia individual y se ha supuesto que, al llegar a los servicios de salud, la colaboración aparecerá natural y espontáneamente. Sin embargo, resulta difícil aprender a trabajar juntos cuando durante la formación existieron pocas o ninguna oportunidad para estudiar, deliberar y resolver problemas en conjunto.
 
Esta fragmentación también ha consolidado jerarquías y la idea de que unas profesiones conducen el cuidado mientras otras únicamente lo apoyan. La realidad es que el liderazgo no pertenece permanentemente a una profesión, sino a quien posea la competencia principal para responder a la necesidad de cada momento. Liderar también significa escuchar, consultar y saber cuándo la mirada del otro debe ocupar el primer plano.
 
Pero la colaboración interprofesional no depende solamente de tener buenas intenciones y la disposición individual. También está condicionada por la estructura de las organizaciones, la educación interprofesional recibida y la capacidad de ejercer un liderazgo participativo y compartido. Estudios han encontrado que ninguno de estos factores, de manera aislada, es suficiente para transformar la práctica 1
 
La estructuración de la Facultad de Salud y Bienestar nos permitió reunir diferentes carreras bajo una misma visión. Esa condición multidisciplinar constituyó un punto de partida, una oportunidad que ha sido compleja, pero extraordinaria. Su importancia radica en que acceder a educación interprofesional constituye una condición previa para construir entornos de práctica colaborativa y mejorar la atención sanitaria 2
 
Sin embargo, estar juntos no significa necesariamente estar integrados. Compartir una estructura académica o física no garantiza que unos aprendan de otros, con los otros y acerca de los otros. El ideal no consiste en reunir estudiantes de diferentes carreras en una misma actividad, va más allá. Desarrollar competencias compartidas, construir un lenguaje común, propiciar oportunidades reales de contacto entre profesiones, favorecer una identidad colectiva alrededor del cuidado y fortalece la convicción de que la diversidad profesional mejora las decisiones y los resultados 2
 
El camino empieza con la construcción de una identidad con una perspectiva de salud más amplia, capaz de superar los límites de cada carrera sin anular su especificidad. Para ello, necesitamos ampliar las experiencias formativas compartidas, fortalecer la co-docencia, promover la simulación interprofesional y desarrollar proyectos asistenciales, de vinculación y de investigación en los que las profesiones trabajen alrededor de problemas comunes y reales.
 
El propósito es formar profesionales excelentes en sus campos específicos, capaces de comprender sus límites y que reconozcan el valor de las competencias de los demás y el límite de las suyas. No todos deben saber lo mismo, preservar la identidad de cada profesión es fundamental. El buen profesional no es únicamente quien sabe actuar, sino también quien sabe cuándo necesita a otro.
 
Esta formación demanda competencias concretas: colocar a la persona en el centro del cuidado, comunicación efectiva entre profesiones, liderar participativamente, resolución constructiva de conflictos, formar back-ups, tener claridad sobre las funciones y trabajo en equipo real. Estos dominios deben aprenderse, practicarse y evaluarse durante la formación, no dejarse únicamente a la experiencia posterior 3
 
Las experiencias colaborativas ocasionales son un comienzo, pero la formación interprofesional progresiva, evaluable y sostenible debe ser el horizonte. Alcanzarla exige cambios curriculares, formación docente, nuevos escenarios de aprendizaje, estructuras institucionales que faciliten colaboración y la disposición para la cooperación académica, pero, sobre todo, amor, paciencia y tiempo. La ruta es larga, pero comienza cuando una institución reconoce la dirección que quiere seguir y asume esta responsabilidad.
 
La medicina, la enfermería, el laboratorio clínico, la fisioterapia, la nutrición, la odontología, la psicología y las demás profesiones no deben competir por el centro del cuidado. Ese lugar pertenece a la persona. Ninguna profesión puede atribuirse la totalidad de su atención. La excelencia individual resulta insuficiente frente a la complejidad de la salud.
 
Nadie en salud cuida solo. Necesitamos conocimientos que dialoguen, responsabilidades compartidas y profesionales que se reconozcan como parte de un mismo equipo frente a una misma persona y una sola salud.
 
Si nadie cuida solo, ¿por qué seguimos formando profesionales por separado?
 
Referencias
  1. 1. Dib K, Belrhiti Z. Unpacking the black box of interprofessional collaboration within healthcare networks: a scoping review. BMJ Open. 2025;15(6):e101702. doi:10.1136/BMJOPEN-2025-101702
  2. 2. Spaulding EM, Marvel FA, Jacob E, et al. Interprofessional education and collaboration among healthcare students and professionals: a systematic review and call for action. J Interprof Care. 2021;35(4):612-621. doi:10.1080/13561820.2019.1697214
  3. 3. Vaseghi F, Yarmohammadian MH, Raeisi A. Interprofessional Collaboration Competencies in the Health System: A Systematic Review. Iran J Nurs Midwifery Res. 2022;27(6):496-504. doi:10.4103/IJNMR.IJNMR_476_21