Edición Médica

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Ecuador | Colombia
Mi Punto de Vista
De la Transfobia al linchamiento mediático injustificado


Martes, 26 de abril de 2022, a las 17:31
Esteban Ortiz-Prado, médico investigador especializado en salud publica

Nuevamente las redes sociales han marcado el compás a la hora de declarar víctima y victimario. Quienes usamos las redes sociales tendemos a incurrir en prácticas involuntarias, pero no por eso inocuas, que recaen en lo que los científicos denominamos “sesgo de confirmación”. Este tipo de sesgo no es nada más que favorecer, buscar, interpretar y recordar todo tipo de información que recibimos en base a nuestras propias creencias, pasiones y subjetividades.

He decidido escribir esto con relación a una denuncia de supuesta transfobia y xenofobia ocurrida en el Eugenio Espejo, hospital de especialidades del Ministerio de Salud del Ecuador y ubicado en la ciudad de Quito.

Esto me llamó la atención, más allá de lo que cualquier abuso e injusticia lo hubiese hecho, no por la simple razón de estar asociada a una supuesta trasgresión a nuestra práctica (médica) profesional, sino porque la denuncia venía de la mano de una foto, un nombre, un apellido, así como lugar de residencia y de trabajo.

Dicha acusación venía directamente dirigida hacia uno de los médicos con mejor formación del país y la región dentro de su área de especialidad, pero no solo eso, venía dirigida a una de las personas más justas, honradas, respetuosas y dedicas a su trabajo que he tenido el gusto de conocer. El Dr. Jorge Luis Salazar, es un médico intachable, que ha dedicado su vida profesional al servicio del más pobre, del más vulnerable, siempre luchando contra las injusticias y el sistema para levantar su voz contra la falta de medicamentos, el trato discriminatorio a los pacientes, las injusticias sociales o cuando transgreden los derechos de los más vulnerables, de los que la sociedad usualmente mira desde arriba, los migrantes, las minorías o los estudiantes. Esto no lo digo solo yo, lo dice el gremio, lo dicen sus alumnos, lo dicen sus pacientes, lo dicen sus maestros y lo dicen sus aprendices.

Bien, pero volvamos a la transfobia, un problema real, crudo y letal para muchos, que no solamente ha vulnerado los derechos a personas trans a recibir un trato justo en todos los aspectos de la vida (incluido su derecho a una salud de calidad y calidez), sino también que los ha puesto como una de las poblaciones con mayor índice de mortalidad a nivel local y global, mortalidad alta especialmente a causa de homicidios y crímenes violentos.

Negar que en alguna ocasión (o en muchas) haya recibido tratos injustos en un hospital no me sorprende, que le hayan mirado de forma despectiva, tampoco me sorprende, lo que sí me sorprende es una cadena de supuestos, que, si bien tienen que ser investigados, siguen siendo solo supuestos e infundados a mi parecer. Empezaré con este tuit, aquí se acusa al colega de usar comentarios religiosos en contra de la homosexualidad y la transexualidad. Esto me sorprende de sobremanera ya que en todos los post que he tenido la oportunidad de leer del Dr. Salazar, se evidencia su postura secular, a favor del derecho a abortar de las mujeres y a favor de la comunidad LGTBI, prácticas abiertamente rechazadas por los devotos.

Pero no vengo aquí a fungir de investigador privado, no vengo aquí a preguntar dónde está la prueba del supuesto delito, dónde están los testigos de la supuesta discriminación, dónde están los testimonios de los supuestos victimarios, estoy aquí porque vengo a preguntarles ¿qué derecho tienen (los ciber-usuarios) de mancillar el nombre de una persona sin tener ninguna sola prueba del presunto delito, escracharlo en redes sociales con nombre y apellido y buscar reparación integral y “sanción ejemplar” a alguien que solo hace su trabajo, cumpliendo a rajatabla las normas internas de un hospital?

Es que bien, es entendible que nos volquemos a defender al más débil, al vulnerable y al más frágil, es una condición humana. Esta es una conducta normal que, sin embargo, con el advenimiento de las redes sociales, el escrache público y el linchamiento mediático se han convertido muchas veces en armas letales que se han llevado vida de inocentes y han generado caos injustificables.

Con esta pieza editorial no pido que se absuelva a alguien, sino que se maneje el tema con seriedad, que se investigue, que se utilicen las versiones de ambas partes antes de sacar conclusiones apresuradas y seguramente erradas. Que las redes sociales sirvan de plataforma para buscar la justicia, pero sin dañar al inocente, que no se emitan comentarios y noticias falsas sobre las personas y que alrededor de este tema, hasta nos han alcanzado.

Me conduelo sí, y de forma sincera con la denunciante, ya que es obvio que vivir en este país siendo minoría es complicado, más aún para una mujer trans y migrante, sin embargo, me conduelo también con el Dr. Salazar y su familia, quiénes han recibido decenas de mensajes de odio y amenazas a través de sus redes sociales, amenazas que nacieron de una denuncia pública sin fundamentos.

Quién quiere investigar a fondo y hacerlo realmente bien, deberá solicitar los documentos y los respaldos presentados por el mencionado Doctor, documentos que seguramente mostrarán su accionar, un accionar que jamás cruzaría la barrera de la discriminación y el respeto, y que seguramente demostrarán que el ampararse a las normas y procedimientos de una institución, no siempre resulta como uno espera.

Finalmente utilizo este espacio para reconocer que en el Ecuador existe una deficiencia marcada con relación a protocolos de manejo de pacientes vulnerables como sucede con la población trans. Esperamos que si de algo sirve esta penosa experiencia, sea para generar los protocolos necesarios que la comunidad trans necesita, que se pueda abastecer a los hospitales de medicamentos que ellos necesitan y así, en un futuro no muy lejano, evitar que la justa ira de una paciente se transforme en agresión hacia algún inocente.